jueves, 4 de octubre de 2012

UNA MARATHON POR SU GENTE

Detrás de los grandes campeones que despiertan admiración en todo el mundo por sus logros deportivos, hay en muchos casos una historia apasionante. La del keniano Wesley Korir se mostraba la semana pasada en un artículo del Chicago Tribune:

Esta es una historia acerca de un hombre que corre, un hombre que corre lo suficientemente rápido como para haber ganado el Marathon de Boston y el Marathon de Los Angeles dos veces, y ser uno de los favoritos en el Bank of America Chicago Marathon del próximo domingo, 7 de octubre.


Pero esta no es una historia acerca de un corredor, porque lo que Wesley Korir hace cuando se calza las zapatillas no es más que una pequeña parte de este hombre que corre.

Dice que quiere ser presidente de Kenia algún día. Las personas que lo conocen, las personas que lo han visto invertir el corazón, el alma y la cartera para mejorar la vida de sus compatriotas kenianos, están convencidas de que ello está al alcance de Korir.

Veamos lo lejos que ha llegado desde una aldea pobre y con problemas de alcoholismo, en Kitale, municipio del oeste de Kenia. Y veamos lo cerca que se mantiene de esa aldea, Biribiriet, construyendo una clínica, asegurando la educación de algunos de sus niños y pagando la comida de los huérfanos que su madre mantiene en su casa.

“Se trata de un hombre que ha dado a la humanidad más que cualquier otro hombre que yo haya conocido", dijo Smock Bill, un médico de Louisville, Kentucky, que dirigió el equipo de profesionales médicos que ayudaron a Korir a poner en marcha una clínica de 10 camas en julio.

En ocho días, Smock y sus colegas trataron a 3.500 personas que nunca antes habían tenido acceso a la atención médica gratuita, y que habían sido demasiado pobres como para poder pagar por ello. Los médicos visitantes, estudiantes de medicina y enfermeros salvaron la vida de por lo menos seis niños.

Eso fue sólo el comienzo. La clínica ha estado viendo a un promedio de 50 personas al día desde que abrió. Korir ha persuadido a la Universidad de Louisville para embarcarse en programas que les proporcionan cuidados de la salud, agua potable y educación en la zona de Kitale de manera continuada.

"Wesley es una de las personas más extraordinarias que he conocido", dijo Toni Ganzel, decano interino de la Escuela de Medicina de la Universidad de Louisville. “Toma su visión de cómo hacer del mundo un lugar mejor y lo pone en práctica."

Mucho antes de que empezara a ganar dinero como corredor, Korir tomaba parte del sueldo que ganaba como empleado de mantenimiento en la Universidad y lo enviaba a Kenia. Ahora que gana seis cifras al año, simplemente envía más, a través de la Kenyan KidsFoundation.

"Ese niño que solía caminar descalzo, dormir en el suelo de una choza, que a veces no tenía comida... mira donde estoy ahora", dijo Korir. "Es tan increíble. A veces simplemente me paro a pensar y reír de ese viaje."

Korir vive parte del año en sus casas en Kentucky y en Kenya, y en un apartamento en el sótano de la casa de sus suegros en Kitchener, Ontario. Tiene una licenciatura en biología, esposa y una hija de 2 años, así como una carrera atlética que parece estar en pleno apogeo a sus 29 años.

En un país conocido por los corredores, Korir llegó a la élite casi por accidente. Sería uno de los muchos giros fortuitos en su viaje, ninguno de los cuales considera una coincidencia. Él ve todo como parte del plan de Dios para él, y te convences de verlo de esa manera después de oírle contar la historia.

Oportunidades para estudiantes

Wesley Korir, de una familia de nueve hermanos, siempre fue un buen estudiante. Pero tenía problemas para permanecer en la escuela secundaria porque su padre, un agricultor de subsistencia, no siempre podía costear las tasas de 400 dólares anuales para St. Joseph's en Kitale, una de las escuelas privadas que siguen siendo los mejores lugares para que los niños de aldeas de Kenia puedan obtener una buena educación.

Willie Walshe, un sacerdote misionero irlandés de 64 años, que ha vivido en Kenia desde 1973, fue el profesor de inglés de Korir en la escuela secundaria. Con la ayuda de familiares y amigos en Irlanda, el sacerdote cubría las necesidades financieras de muchos estudiantes, incluyendo Korir, a quien Walshe describe como un "diligente, concienciado y agradable joven".

Una vez aceptado en la Universidad de Nairobi, Korir no pudo hacer frente al pago de la matrícula. Desesperado por evitar una existencia sin salida en su pueblo, se trasladó a dos horas, a Eldoret, a vivir con un primo y hacer tareas en la casa de éste. Korir, que había corrido algunas carreras de bajo nivel en la secundaria, salía todas las mañanas a entrenar sin saber muy bien por qué lo estaba haciendo.

Paul Ereng, el campeón olímpico de 800 metros en Seúl 1988, que creció en Kitale, comenzó entonces a gestionar un grupo de corredores profesionales en Eldoret. Walshe, que conocía a Ereng, le contactó a través del correo electrónico para ver si podía ayudar a Korir.

Ereng, graduado de Virginia y ahora entrenador asistente en Texas-El Paso, le dijo a Korir que debería tratar de conseguir una beca de atletismo en una universidad de EEUU. Para ello, Ereng contactó con un viejo amigo, Norbert Elliott, entonces entrenador de Murray State, en Kentucky

Korir llegó a Kentucky en enero de 2004. Poco tiempo después de que Korir comenzara a competir por Murray State, el entrenador le dijo que el programa para los hombres de pista sería eliminando gradualmente, con el fin planeado para antes de que Korir se graduase. Pero Elliott puso a Korir en contacto con su amigo, Ron Mann, quien se convirtió en entrenador jefe en Louisville en julio de 2004.

Para entonces, Korir había ganado los títulos de la Ohio Valley Conference en los 5.000 y 10.000 metros. Otras escuelas, como Arkansas y Georgia, proporcionaron a Korir un viaje de avión para una visita, intentando conseguir un posible traspaso. Louisville le facilitó un billete de autobús.

Korir tomó el viaje de cinco horas. Esto le condujo al lugar donde conoció a su esposa y realizó los contactos que le permitieron desarrollar su potencial atlético y humanitario. Mann es su entrenador hasta hoy. Louisville se convirtió en su tierra prometida.

Una generosa educación

La madre de Korir, Roseline Chelimo, le dio un fuerte espíritu de generosidad y fe cristiana, que a ella le habían apoyado durante años de una existencia difícil, con un marido, Nehemiah, cuyas buenas cualidades a menudo se ahogaban en alcohol. Con esa base religiosa, Korir no necesitaba de ninguna revelación para tener un sentido de altruismo o saber lo que era importante en la vida.

Pero había una revelación, una tan terrible que parecía venir desde el Libro del Apocalipsis.

Korir había regresado a Kenya en la Navidad de 2007 para renovar su visado. A finales de ese año, unas controvertidas elecciones presidenciales llevaron a la violencia entre los miembros de su tribu, los Kalenjin, y los Kikuyu, tribu políticamente dominante en Kenia.

Mwai Kibaki, un kikuyu, fue declarado el ganador. Eldoret, donde Korir estaba con su primo, se convirtió en el epicentro de las represalias mortales. Un día, la turba Kalenjin insistió para que él y su primo se unieran a ellos. El primo dijo a Korir que había que huir, antes que ser arrastrados por la presión de una venganza tribal.

"Tuve que ser el tímido, el cobarde", dijo Korir. “Sabía que esa violencia no estaba bien."

Korir encontraría seguridad más de 80 millas al oeste, en Uganda. Dos semanas más tarde, con la ayuda de los entrenadores de Louisville, obtuvo el visado y regresó a los EEUU.

Antes de comenzar la huida corriendo hacia un campo de maíz, Korir observó a la multitud prendiendo fuego a lo que él pensaba que era la casa más hermosa de Eldoret. En 30 minutos, el hogar kikuyu había ardido hasta los cimientos.

"Eso pone en perspectiva lo que es más importante en esta vida", dijo. "Tenía que poner más énfasis en ayudar a la gente que invertir en cosas materiales."

Korir, cuyo principal éxito corriendo en la Universidad fue un título de la Big East, había planeado convertirse en médico. Poco antes de obtener su graduación en diciembre de 2008, estaba rellenando solicitudes para las escuelas de medicina, cuando decidió correr la Marathon de Chicago.

Los organizadores de la carrera le denegaron su solicitud para correr con la élite, que salían cinco minutos por delante de la masa de corredores aficionados. Terminó corriendo solo casi todo el tiempo, y acabó con una marca que fue la cuarta más rápida de la general. El reglamento le impidió obtener el premio de 15.000 dólares para el cuarto lugar, pero el director de carrera, Carey Pinkowski, se disculpó con Korir y cumplió la promesa de que le conseguiría el dinero.

El episodio llamó la atención más allá del dinero. Korir ya no era otro keniano más, con una actuación de alto nivel en un marathon.

Ocho meses más tarde, todavía desconocido, pero ya designado como un corredor de élite en la Marathon de Los Angeles, Korir ganó y estableció el récord de la carrera, obteniendo 160.000 dólares y un coche. Mantuvo su trabajo como encargado de mantenimiento un año más.


Ganó otra vez en Los Ángeles en 2010. Ha corrido cuatro veces consecutivas en Chicago, terminando segundo el año pasado con su mejor marca de 2:06:15. Luego ganó en Boston en abril pasado, superando unas condiciones excepcionalmente duras, en un día con un calor brutal, con un tiempo de 2:12:40.

Korir pensaba que ganar Boston sería suficiente para conseguir plaza en el equipo olímpico keniano. La Federación keniana pensaba de otra manera.

Esa decepción resultó ser una bendición para Korir y su pueblo.

La línea de la vida en Louisville

Durante varios años, la Escuela de Medicina de Louisville había enviado un equipo de médicos y estudiantes a Mombasa, Kenia. El grupo de este año se disponía a irse cuando un atentado terrorista mortal en una discoteca de Mombasa el 24 de junio, hizo que el Departamento de Estado desaconsejase los viajes a la zona. Louisville canceló el viaje.

Cuando Korir se enteró de lo sucedido, inmediatamente vio una oportunidad. Preguntó si la misión podía ir a su pueblo, donde se había hecho cargo de un proyecto de 30.000 dólares para construir una clínica que había languidecido durante 10 años.

Con la ayuda financiera de Hall Steps, la fundación creada por otro marathoniano profundamente religioso, el dos veces olímpico por USA, Ryan Hall, parte de la clínica había sido terminada. Ahora Korir espera ayuda para la formación del personal. La Escuela de Medicina de Louisville accedió a cambiar su viaje a Biribiriet en julio.

"Fue como una intervención divina", dijo Ganzel.

Korir tenía dos semanas para organizar la logística de un grupo de 20 personas. Nada lo detendría. Esta era una manera de honrar la memoria de su hermano, que murió de una mordedura de serpiente cuando tenía 9 años, porque la atención médica estaba a kilómetros de distancia.

"Wesley hizo milagros", dijo Smock. "Es un hombre increíble".

La esposa de Korir, la corredora canadiense y graduada por Louisville, Tarah McKay, dijo que llegó a estar tan consumido por la tarea que el entrenamiento para el Marathon de Chicago pasó a un segundo plano algunos días. Todo lo que importaba a Korir eran los cientos de personas que hacían cola cada mañana, a la espera de la apertura de la clínica.

Su atención se mantiene dividida. A través de una organización llamada SOS, Korir ha dispuesto un contenedor de 12 metros con suministros médicos que se entregarán a la clínica en el otoño. Otro equipo de la Escuela de Medicina de Louisville irá en julio próximo, y Ganzel espera añadir un segundo viaje cada año. También podría incluirse a los estudiantes de la escuela de enfermería de la Universidad, la escuela de odontología y de la escuela de salud pública.

"Cuando ayudas a los niños, puedes ver a sus familias sonreir'', dijo Korir. "Le dije a mi esposa: Esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida, para hacer sonreír a la gente. ‘‘

Korir está seguro de que Dios estaba viendo esas sonrisas. Tal vez por eso su entrenamiento para Chicago ha sido la mejor preparación de un marathon en su carrera.


"Ya termine décimo, octavo, segundo o primero en Chicago, sé que será porque Dios lo planeó", dijo. "Yo trabajo duro para hacer mi parte, y que Dios pueda usarme como él quiera."

Korir quiere ganar. Esto significaría un mayor premio en metálico, y más dinero para la Kenyan Kids Foundation. Significaría que Korir podría ayudar a hacerse cargo del pago de tasas escolares para más de los 40 niños a los que ahora apoya.

"Correr es sólo un peldaño en el camino", dice. "Cuando me muera, no quiero que la gente diga: 'Wesley el gran corredor. Quiero que la gente diga, 'Wesley, la persona que ayudó a cambiar la vida de las personas. ‘‘

Miles de personas dirían que ya lo es.

No hay comentarios: