miércoles, 18 de abril de 2012

LA VOLÁTIL VIDA Y MISTERIOSA MUERTE DE SAMMY WANJIRU

Hace casi año que falleció el keniano Samuel Wanjiru, campeón olímpico de marathon en Pekín 2008. La revista especializada Sport Illustrated acaba de publicar un artículo que reproducimos aquí. Es bastante extenso, pero su lectura muy interesante. Merece la pena hacer un hueco en la agenda, y dedicarle el tiempo necesario para leer con atención esta historia de un deportista portentoso, precoz como muy pocos y con un talento descomunal, que se hizo un merecido hueco en el Olimpo, pero también en el baúl de los juguetes rotos…

Durante millones de años, la región del Valle del Rift, en Kenya, ha sido el escenario de migraciones masivas, pero por lo general implican a las cebras, gacelas, ñus y los depredadores que persiguen a éstos. Así que los residentes de Nyahururu no olvidarán la mañana del 16 de mayo de 2011, cuando su pueblo agrícola comenzó a abarrotarse de gente. Miles de personas fluían, amontonados en vagones o aferrados a los lados de los atestados microbuses, conocidos como “matatus”. En el mejor de los casos, viajar por los caminos llenos de baches del valle es lento y peligroso, pero ese día, con carros tirados por burros y apretados en automóviles, tan fuerte como piezas de Tetris, las calles estaban atestadas. Todas esas personas se acercaban para ver si era verdad: ¿Podría ser realmente que Sammy Wanjiru ha muerto?

¿Y cómo podría culparles? Wanjiru había traído a casa el último talismán de carreras de larga distancia del que Kenya carecía - una medalla de oro en el marathon -, y después de los Juegos de 2008, el pueblo de Nyahururu lo había agasajado en el estadio de la ciudad, en lo alto de un camión, regocijándose en su fuerza sobrehumana.

Los expertos decían que el marathon de los Juegos Olímpicos de Pekín sería lento. Las temperaturas superaron los 26º C. Y fue lento para todos, excepto para Wanjiru. "Los atletas en Pekín van a estar fuertes en los últimos cinco kilómetros", dijo Wanjiru a uno de sus entrenadores, Francis Kamau, antes de irse a China. "La única forma de acabar con ellos será hacerlo desde el disparo. Luego, cuando traten de llegar, no podrán."


Así fue exactamente como corrió la más grande marathon de la Historia. Con una humedad sofocante, puso un ritmo de Récord del Mundo desde el principio. A los 15 kms. de carrera, sólo cuatro corredores estaban ya con él, y Wanjiru les estaba atormentando. Miró su reloj, dijo más tarde a su compatriota Peter Kirui, para desestabilizar a sus competidores, y cuando sus rivales trataron de pegarse a Wanjiru, éste se fue de ellos. En el momento en que entró en el estadio “Nido de Pájaro”, llevaba 15 minutos en solitario. Esprintó hacia la línea de meta, a pesar de que no había nadie cerca, y terminó en 2:06:32, rompiendo el récord olímpico en casi tres minutos.

Menos de tres años más tarde, poco después de las 23:00 del 15 de mayo de 2011, Wanjiru fue encontrado tendido de espaldas en el pavimento, bajo un balcón de su casa, con sangre manando de la parte posterior de su cabeza. A medianoche ya estaba muerto. La policía rápidamente emitió una declaración según la cual, la causa de la muerte de Wanjiru era un suicidio. Dijeron que había saltado después de que su esposa lo sorprendiera en la casa con otra mujer.

En su punto más alto, el balcón está a una altura de 4 metros sobre el pavimento. Nadie creyó el comunicado de la policía.

Labrarse un futuro fuera de la sabana semiárida del centro de Kenya nunca ha sido fácil, ni siquiera para los niños que, a diferencia de Sammy Wanjiru, se criaron en un hogar con un padre.

En la década de 1950, Nyahururu, que se encuentra casi exactamente sobre el ecuador, a casi 2.500 metros de altitud sobre la base del valle del Rift, era un centro de rebelión contra las autoridades coloniales británicas. La región era tan peligrosa que un escritor de la revista LIFE la describe como un lugar donde "se deja la pistola en la bandeja de jabón cuando tomas un baño." Después de que Kenya lograra la independencia en 1963, sin embargo, esta zona de tierras de cultivo, atravesada por una maraña de caminos, fue relativamente pacífica. Desde 1990, Nyahururu ha duplicado su tamaño, a medida que los agricultores se reunieron allí para hacerse cargo de la tierra barata para el cultivo, así como el acceso a las industrias florecientes de la ciudad, tales como la Cooperativa Láctea de Kenya. Sin embargo, la ciudad, de 30.000 habitantes, no es tan mansa como para que algún visitante resulte aún muerto por un hipopótamo o un león.

Wanjiru creció en las afueras de Nyahururu, y no usó zapatos hasta que tenía 14 años. Corría o caminaba descalzo sobre la tierra y las rocas para llegar a la escuela o a la tienda de comestibles. Cuando el agua se necesita para la cocina, tenía que caminar hasta el río Kwandugiri.

Durante unos años tras el nacimiento de Sammy, su madre, Hannah, trabajaba como jardinera, y vendía avena para conseguir dinero. Pero no podía ganar lo suficiente, así que dejó a Sammy y a su hermano menor, Simon, con sus abuelos, y desapareció durante meses para ganar más.

La mayoría de los años, los familiares de Sammy lograron reunir suficiente dinero para las tasas de matrícula. Era un muchacho tranquilo - podía pasar horas jugando con un coche de metal tirado por un hilo -, pero hizo amigos en la escuela por correr. En cuarto grado comienza en las carreras de campo a través. Le pedía a sus parientes que rezasen por él, y creía que funcionaba, puesto que no dejaba de ganar. Ganó los 3.000 metros en los campeonatos del distrito en la pista de grava en el estadio de Nyahururu. Sin embargo, el dinero se acabó, y Sammy nunca terminó la escuela secundaria.

No obstante, gracias a un contacto entre un entrenador local y un ojeador japonés, la zona de Nyahururu se había convertido en una oportunidad para los corredores de la etnia kikuyu, a la que Sammy pertenecía, para obtener becas para las escuelas secundarias japonesas, además de ayudar a las escuelas que compiten en las célebres carreras por relevos en ruta, llamadas “ekiden”. Cuando un entrenador le preguntó a Sammy si estaba interesado en asistir a la escuela en Japón, respondió que no tenía ni idea de dónde estaba Japón, pero que estaba listo para ir. Y así, en 2002, pasó directamente a la escuela secundaria Sendai Ikuei Gakuen, en el noreste de Japón. Ayudó a la escuela a establecer un récord “ekiden”, y repetía, una y otra vez, la palabra japonesa “gaman”, que se traduce aproximadamente como paciente o perseverante.

Una vez que Wanjiru se graduó en marzo de 2005, se quedó en Japón para correr “ekiden” con el equipo de las empresas Toyota de Kyushu, y de inmediato comenzó un patrón que duraría el resto de su vida: repartía el dinero tan rápido como lo ganaba. Envió parte de su primer cobro a Hannah, quien dice que usó el dinero para comprar una parcela de tierra para su madre.

Wanjiru era muy querido entre sus compañeros de equipo por su humildad, y llevó una vida muy tranquila en el hogar de su equipo. Sin embargo, los kenianos que han corrido para los equipos de las empresas en Japón, dicen que nunca se sintieron totalmente integrados en la sociedad japonesa, y la mayoría regresan a casa. "Debido a la cultura diferente", dice Johnson Muiruri, un corredor que entrenó con Wanjiru en Japón y se convirtió en su amigo cercano, "un hombre de Kenya no puede conseguir una novia allí, a menos que te quedes 20 años".


Fue en un viaje a casa en el verano de 2005 cuando Wanjiru conoció a Terezah Njeri. En Kenia, una mujer que vive con un hombre o cuida de su niño, puede ser considerado como su esposa. Por esa norma, Njeri se convirtió en esposa de Wanjiru en septiembre de 2005, cuando se mudó a una casa pagada por él. Fue el mismo mes en que rompió por primera vez el récord de mundo de medio marathon, por lo cual cobró 100.000 dólares.

Hannah Wanjiru y Njeri se odiaban desde el principio. Durante los dos años siguientes, Sammy construyó las dos amplias casas de las mujeres, a unos 150 metros la una de la otra, en un camino de tierra en Nyahururu. Sin embargo, cada mujer miraba con recelo todo lo que Sammy compraba a la otra. Cada una sentía que la otra quería controlar su dinero. Según amigos, familiares y socios de Sammy, ambas tenían razón.

Ninguno de los gastos de Sammy se hizo sin estudiar por su esposa o su madre. Ni los 25.000 dólares que donó a un hogar de niños en Nyahururu, después batir por tercera vez el Récord del Mundo de medio marathon, en marzo de 2007. Ni el salón de belleza que financió a Njeri, el cual fue a la quiebra. Según los entrenadores de Wanjiru, su madre incluso se quejaba cuando usaban sus coches para llevar a él y a sus compañeros a los entrenamientos. Cuando Wanjiru estaba en Japón, a menudo llamaba a su tío John Kamau, pidiéndole que mediase en las disputas entre su madre y esposa. "Las diferencias eran por el dinero", dice Kamau. "No se trataba de otra cosa".

A principios de 2008, Wanjiru volvió a casa desde Japón para quedarse. Más tarde, ese mismo año, después de su espectacular victoria olímpica, comenzó a tener unos altísimos honorarios cada vez que corría. El dinero profundizó la brecha entre su madre y su esposa. Al mismo tiempo, Wanjiru estaba muy ocupado gastando o regalando ese dinero. Disfrutaba de su riqueza. Encargó a un artista local un mural gigante, en una de las paredes que rodean su casa. Y el niño que podía jugar durante horas con un coche de chatarra, era ahora un hombre que pagaba en efectivo por una flota de lo mejor de Toyota - Land Cruiser, Mark X, RAV4 -, que rápidamente se depreciarían en las bacheadas carreteras de Kenya.

Él nunca se negó a personas que necesitaban dinero. Después de una sesión de entrenamiento, Wanjiru iba a comprar el almuerzo para 25 corredores, y compró un Nissan para uso de los atletas que no tenían otra manera de viajar a las carreras. Un corredor llamado Ken Kasmili dice que Wanjiru comenzó a pagar los honorarios de la escuela de su hijo, para que Kasmili pudiera trabajar menos horas y se centrara en el entrenamiento.

Wanjiru era una economía en sí mismo. Y casi todo lo que compró - vehículos, terrenos, casas -, era salvajemente caro. Cuando estaba en Nyahururu, frecuentaba los pubs. Sus amigos señalan casi todos los grandes bares de la ciudad como "uno de sus lugares favoritos". En el bar, Wanjiru podía pagar 3.000 dólares por parcelas de tierra de $ 900.

Sin embargo, también hizo algunas compras fructíferas. Con la ayuda de James Mwangi, un veterinario local que se convirtió en un buen amigo, Wanjiru compró un terreno y construyó una granja de productos lácteos en la que llegó a mantener 15 vacas y producir 200 litros de leche al día. Pero a Sammy no le gustaba regatear, y en absoluto negociaba cuando estaba bebido. Para el complejo de apartamentos “Pisos Nido de Pájaro” que estaba construyendo en la próspera ciudad de Nakuru, "probablemente se gastó 10 veces su costo", dice Ndegwa Wahome, el abogado que se encargó de los trámites para las transacciones de Wanjiru. "Algunas de las personas que trabajan allí se llevaron gran parte de los materiales con los que construyeron sus propias casas."

Frente al complejo donde Wanjiru fue encontrado fatalmente herido, todavía hay un parche de hierba muerta. Es donde la gente montaba sus tiendas de campaña, o colocaban mantas para poder bombardearle con oportunidades de negocio cada vez que iba o venía.

La historia del jugador de baloncesto que pasa de una vivienda de protección a figura pública es familiar para aquellos que siguen los deportes de Estados Unidos. A lo largo del Valle del Rift, una historia similar se escucha cada vez más entre los corredores de marathon, pero a una escala aún más vertiginosa y peligrosa. "Ustedes - los estadounidenses – corren en busca de gloria", dice Harun Ngatia, un fisioterapeuta que trabaja con los mejores corredores, y que trató a Wanjiru. "Aquí el interés económico es lo primero."

A medida que los premios en metálico fueron pasando cada vez más de las pruebas de pista a los marathones en las calles de Europa y los EE.UU., el número de kenianos en busca de esos premios ha aumentado considerablemente. Un podio individual en un marathon importante les puede reportar dinero suficiente como para cambiar la vida de una zona rural de Kenya. En Nyahururu, el centro comercial más importante es el Centro Olimpia, que toma el nombre de un rascacielos de Chicago, y es propiedad de Daniel Njenga, que invirtió allí el dinero ganado por sus segundo y tercer puestos en el marathon de esa ciudad.

El resultado de esta concentración de dinero en el marathon ha sido un dominio sin precedentes en el deporte moderno. A pesar de ser una potencia en carreras de larga distancia desde la década de 1960, los hombres de Kenya han hecho suya la marathon desde el ejemplo de Wanjiru en Pekín. Es el tipo de supremacía que por lo general se da cuando un país valora verdaderamente un solo deporte: Japón en el sumo, Canadá en el curling. Entre abril y noviembre de 2011, los hombres de Kenya rompieron todos los récords de los cinco marathones más importantes - Berlín, Boston, Chicago, Londres y Nueva York - por una suma total de seis minutos y 22 segundos. Es difícil llegar a calibrar en su justa medida la fuerza del ejército keniano de marathon, pero piensen esto: 16 hombres estadounidenses en toda la historia han corrido más rápido de 2h.10’, mientras que 38 hombres de Kenya lo hicieron sólo en octubre del año pasado.

De entre las muchas superestrellas del marathon que produce Kenya, relativamente pocos de ellos son miembros de la tribu de los kikuyu. Fuera de Kenya, la gente debate acerca de si los corredores keniatas de larga distancia tienen una ventaja biológica sobre los corredores de otros países. Dentro de Kenya, el debate es si el pueblo kalenjin tiene una ventaja sobre los kikuyu.

Los kalenjin, cuyos antepasados son de Sudán, y que son conocidos por sus piernas largas y extremadamente delgadas, representan sólo el 12% de la población de Kenya, pero la gran mayoría de sus mejores corredores. Mientras tanto, los kikuyu, que tienden a ser más pequeños y un poco rechonchos, componen el 22% de la población, pero contribuyen mucho menos al número de atletas de élite. (Varios hombres kalenjin han afirmado ser el padre de Wanjiru, argumentando que con su velocidad sólo podía ser kalenjin. Los familiares de Wanjiru dicen que no están seguros de quién es su padre.) Nyahururu es la base de entrenamiento más importante para los corredores kikuyu.

A las 10 de la mañana de un típico martes, la pista de grava gris en el centro de la ciudad está atestada. Cerca de 100 corredores están realizando una sesión de intervalos. Algunos de ellos son desconocidos, con poca experiencia, que se presentan y tratan de seguir los pasos de atletas como Charles Kamathi, campeón mundial de 2001 en los 10.000 metros. Incluso ahora, algunos de los corredores llevan zapatillas Nike que Wanjiru adquirió a través de su acuerdo de patrocinio. Otros se visten con la equipación nacional de los países pobres en atletas, pero ricos en dinero, tales como Bahrein, que rápidamente proporcionan la ciudadanía y un salario a los corredores keniatas, a cambio de resultados.

De acuerdo con los entrenadores de Kenya, las comunidades kalenjin han tenido más modelos de conducta que los kikuyu, con menos experiencia en materia de gestión de la repentina y asombrosa riqueza. No es que llegue con facilidad a cualquiera. Desde que los agentes deportivos fueron permitidos en Kenya en los años 90, los atletas a menudo han aprendido sus lecciones de negocios dolorosamente.

Tom Ratcliffe, un agente de atletas de Kenya con sede en Boston desde hace mucho tiempo, puede recitar de un tirón a los corredores que han hecho un poco de dinero y rápidamente han caído en malos negocios. Uno de sus antiguos clientes, Timothy Cherigat, ganó el marathon de Boston en 2004 (y también el de Donosti en 2002), y al año siguiente dejó de entrenarse de forma rigurosa, invirtiendo en una gasolinera. "Resultó que la persona a quien compró el terreno no era el propietario", dice Ratcliffe, que aconseja a los atletas a mantener su dinero en bonos del tesoro hasta que abandonen la competición. "Lo perdió, y quedó atrapado en los tribunales. Ha dado toda su carrera por esa estación de servicio."

Muchos de los mejores atletas Kalenjin se mudan ahora a Nairobi, donde su riqueza destaca menos. John Ngugi, el más grande corredor kikuyu - medallista de oro en los Juegos Olímpicos de 1988 en 5.000 metros y cinco veces campeón mundial de cross - piensa que los kikuyu deberían seguir su ejemplo. "Si alguien viene con un coche nuevo a Nyahururu," dice Ngugi, "todo el pueblo lo sabe". Ngugi estima que ganó 300.000 dólares en su carrera. Lo utilizó para construir una casa y una tienda de comestibles cerca de Nyahururu, en la que robaron cuatro veces en dos años.

Hay que tener en cuenta que un hogar típico de Nyahururu, que posee unas cuantas cabezas de ganado y cultiva maíz o patatas, puede ganar $ 1.000 en un año. Wanjiru ganó hasta US $ 10 millones, según su abogado, no sólo en premios, sino también por el contrato con Nike y una línea japonesa de suplementos dietéticos. En términos relativos, el caso de Sammy Wanjiru no podría haber sido más dramático en cuanto al ascenso de la pobreza a la riqueza.

Hubo varios intentos de robo en casa de Wanjiru, en Nyahururu. Francis Kamau dice que una vez, unos ladrones armados, detuvieron el coche de Wanjiru, y lo retuvieron, hasta que llegó la policía y mató a uno de los asaltantes. Ibrahim Kinuthia, un ex corredor internacional y entrenador que trabajó con Wanjiru, dice que algunas personas pensaban que la medalla olímpica de Wanjiru estaba hecha de oro macizo. "Nyahururu es bueno para entrenar", dice Ngugi, "pero no es bueno para quedarse."

En 2009, Wanjiru estableció récords de la prueba, tanto en el marathon de Londres (2:05:10) como en el de Chicago (2:05:41). También comenzó a salir con Mary Wacera, una corredora que conoció en la pista de Nyahururu.

Podrían hablar entre ellos acerca de Pekín, donde Wacera ganó el bronce en los 5.000 metros de los Campeonatos del Mundo Junior de 2006. Ella y Wanjiru comenzaron a ir juntos a entrenar, y a él no le importaba en ocasiones disminuir el ritmo de una carrera de recuperación para poder correr juntos y hablar.

Como prometedora atleta que era, Wacera nunca sintió la necesidad de pedir dinero a Wanjiru, con lo que se ganó a la madre de Wanjiru. Wacera tampoco se quejaba de las largas salidas nocturnas de Wanjiru, las cuales dicen sus amigos que a menudo incluían a otras mujeres.

En diciembre de 2009, Wacera y Wanjiru se casaron. Hubo una ceremonia real, lo que Wanjiru no había tenido con Terezah Njeri, que por entonces ya había dado a luz dos hijos de Wanjiru. (Tener más de una esposa es tradicional en Kenya, aunque cada vez es más raro.) "No tuve ningún problema con Njeri," dice Wacera, "pero ella me odiaba." (Njeri ha hablado con los medios de comunicación, pero no contestó los reiterados llamamientos de la Sports Illustrated.) Wanjiru alquiló una casa para Wacera justo entre las casas de su madre y Njeri, en el mismo camino de tierra.

Sin embargo, su dinero pronto comenzó a disminuir. Mwangi, el veterinario, estaba con Wanjiru una vez cuando Njeri se presentó y reprendió a su marido delante de sus amigos por no darle más dinero para los niños. "¿Cómo puedo vivir así?" recuerda Mwangi que decía Wanjiru.

Para calmar las quejas de Njeri, Wanjiru contó con Mwangi para ayudarle a abrir una farmacia en el centro de Nyahururu. La Farmacia Njewan abrió sus puertas en marzo de 2010, pero cerró en diciembre.

Incluso cuando pudo escapar de las disputas con sus mujeres, Wanjiru no pudo encontrar la soledad. Ngatia, su fisioterapeuta, recuerda que en 2010 el corredor no estaba solo, ni siquiera durante las sesiones de tratamiento. "Siempre había primos o amigos alrededor", dice Ngatia, las personas que vivían de Wanjiru. Solía estar rodeado de tanta gente que, en una ocasión, en un bar, Kinuthia trató de ahuyentar a esa gente, diciéndoles que Sammy ya no compraría más. Pero Sammy siempre estaba comprando. En una ocasión compró el Range Rover de un amigo por 145.000 dólares, casi un 100% de margen de beneficio.

Federico Rosa, manager italiano de Wanjiru, se enteró de que el corredor se estaba autodestruyendo en Nyahururu. En el marathon de Londres, en abril de 2010, Wanjiru se retiró apenas cubierta la mitad del recorrido. En el camino de regreso a Kenya, Rosa y Claudio Berardelli, un entrenador italiano de 31 años de edad que vive en Kenya y entrena a algunos de los atletas de Rosa, se llevaron a Wanjiru a Italia para hacerle una prueba de toxicidad en el hígado. Se demostró que Wanjiru aún no se había dañado de forma permanente. "Pero le dije a Federico para asustarlo", dice Berardelli, "Dile que hubo algunas señales, pero que si deja ahora de beber, las cosas estarán bien; de lo contrario, estaría en camino de perder su carrera."

En julio, Berardelli invitó a Wanjiru a un campo de entrenamiento en Italia. "Tenía probablemente unos cinco kilos de sobrepeso", dice el entrenador, “y no podía aguantar con sus compañeros 50 minutos de carrera." Después del campamento, Berardelli, que vive en Eldoret, a 80 kilómetros al noroeste de Nyahururu, encontró un lugar para que Wanjiru permaneciese cerca de él.

En agosto, con dos meses por delante para defender su título del Marathon de Chicago, y todavía en una forma horrible, Wanjiru cambió su base de entrenamiento a Eldoret. Dejó de beber de golpe, pero estaba siendo superado por otros corredores en los entrenamientos. Dos semanas antes de Chicago, Berardelli llamó a Rosa para decir que Wanjiru probablemente no sería capaz de terminar el marathon, y que deberían retirarle de la prueba. Sin embargo, Wanjiru les pidió, "Dejadme intentarlo, dejadme intentarlo, dejadme intentarlo", dice Berardelli.

Si alguna vez Wanjiru tuvo un rendimiento más impresionante que en Pekín, fue en Chicago en octubre de 2010. Sin estar en plena forma, y tras dos meses alejado del consumo excesivo de alcohol, fue varias veces superado por Tsegaye Kebede, de Etiopía, cada vez que trató de tomar el liderato de la prueba. Pero Wanjiru siguió peleando. Él y Kebede intercambiaron la ventaja en cinco ocasiones en el último kilómetro. Wanjiru parecía conformarse con la segunda plaza, cuando empezó a mirar atrás para ver quién venía. Sin embargo, con sólo 400 metros para la meta, superó al sprint a Kebede, lo que provocó que el locutor de televisión de la carrera dejase escapar: "What balls this guy's got!" Ganó por 19 segundos.

"Sammy aún iba a hacer más dinero, así que, ¿por qué morir para ganar esta carrera?" se pregunta Berardelli. "Tenía la mentalidad de que sólo piensa en ser el primero siempre, para levantar las manos y decir que es el mejor"

Después de la marathon de Chicago, Wanjiru volvió a Nyahururu. Nunca corrió de nuevo.

De vuelta a casa, Wanjiru bebía constantemente y estaba cansado. Siempre dormitaba en medio de las conversaciones. "Quiero olvidar mis problemas", recuerda Wacera que dijo. "Le dije: Todavía estarán ahí cuando te despiertas."


El 29 de diciembre de 2010, Wanjiru fue detenido en su casa, y acusado de amenazar con matar a Njeri durante una discusión y golpear a su guardia de seguridad con la culata de un fusil de asalto AK-47 que había obtenido ilegalmente. Seis semanas más tarde, en el Día de San Valentín de 2011, Wanjiru y Njeri tenían una extraña reconciliación romántica delante de las cámaras de televisión, y ella pidió a los fiscales que retirasen los cargos. Los familiares y amigos de Wanjiru dicen que las condiciones de Njeri para retirar los cargos eran que firmase una declaración jurada diciendo que ella era su esposa oficial, y que abandonase a Wacera. Wanjiru dijo a Wacera que prefería ir a la cárcel antes que dejarla, pero firmó la declaración, y una copia del documento nacional de identidad de Njeri mostraba poco después que el nombre de Wanjiru había sido agregado al suyo. Wanjiru también trasladó a Njeri a Ngong, un suburbio de Nairobi, lejos de su madre y de su otra esposa. Pero la acusación de posesión ilegal de armas se mantuvo, y Wanjiru continuó bebiendo.

Daniel Gatheru, un amigo cercano y compañero de entrenamiento de Wanjiru, rogó a Berardelli y Rosa para alejar a Wanjiru de Nyahururu. Así que Rosa viajó desde Italia, y el 5 de mayo, él, Berardelli, Francis Kamau, Gatheru y algunos otros decidieron que Wanjiru se iría a vivir con Berardelli a Eldoret hasta que el caso del arma se resolviera, y luego se irían a entrenar en Oregón, con la esperanza de correr el Marathon de Nueva York.

Wanjiru se sintió aliviado. Dijo que iba a cambiar. Él y los otros salieron a comer juntos en un hotel cerca de las majestuosas cataratas Thomson, de Nyahururu. Kamau lo llama "La Última Cena".

Todos los que conocían a Sammy Wanjiru entienden que fue asesinado por su propia arma. Le quitó la vida sin tener que disparar una bala. Si no fuera por el cargo de tenencia de esa arma, él nunca habría estado en Nyahururu en la noche del 15 de mayo.

No bebía, y volvía a recuperar la forma en Eldoret, mientras vivía con Berardelli, quien exigía que volviese a casa para la cena cada noche. Wanjiru tenía que ir a Nyahururu por un día, para pagar a su abogado para resolver el caso del arma de fuego. (Rosa había transferido dinero a la cuenta de Wanjiru, porque él estaba sin efectivo.) Entonces, él sería libre para viajar a los EE.UU.

Berardelli prestó a Wanjiru un Toyota Prado y envió a Gatheru con él. Pero en el camino a Nyahururu, los viejos hábitos de Wanjiru regresaron. Para consternación de Gatheru, Wanjiru quería hacer varias paradas. Un último hurra, tal vez. La primera fue en el bar del Hotel Tas en Nakuru, donde Wanjiru tomó unas copas con los amigos. Salieron alrededor de las 3:30 PM, y Wanjiru se reunió con una de sus novias, Judy Wambui, mientras Gatheru esperaba.

Llegaron a Nyahururu después de las 7 de la tarde, y Wanjiru bebió en la cena, en el resort Waterfalls. Hizo planes con Gatheru para el entrenamiento del día siguiente, y luego Gatheru le dejó para irse a dormir. Sin embargo, Wanjiru siguió bebiendo con un primo y un empleado. Estaba tan ebrio en el momento en que dejó el resort, que se metió en una disputa acerca de la factura, y se fue con su coche contra una puerta en el aparcamiento.

A las 10 de la noche se fue del Waterfalls a otro bar, Kawa Falls. Un hombre que estaba trabajando en el mostrador, dice que Wanjiru estaba visiblemente borracho y que se fue con Jane Nduta, una camarera de Kawa Falls que más tarde dijo: "Yo sabía que mi vida nunca volvería a ser igual si me casaba con él. Nunca tendría que trabajar para nadie." Wanjiru y Nduta se detuvieron para tomar otra copa en Jimrock antes de regresar a la casa de Wanjiru, alrededor de 11.

Tres personas que vieron imágenes de las cámaras de seguridad de la casa de Wanjiru esa noche, dicen que cerca de 15 minutos después que Wanjiru, apareció Njeri. De acuerdo con declaraciones dadas a la policía por Njeri, Nduta y el vigilante, las mujeres discutieron, y Njeri salió de la casa, después de poner un candado en la puerta, dejando a Wanjiru y Nduta encerrados en el dormitorio La teoría actual de la policía, apoyada por declaraciones de Nduta a la policía y a los medios de comunicación, es que Wanjiru se enfureció al verse encerrado dentro y salió al balcón, pidiendo a gritos la llave. A continuación, podría haber tratado de saltar desde el balcón, para perseguir a su esposa, que abandonó el recinto, pero en su estado de embriaguez, calculó mal y cayó al suelo.


Nadie lo vio caer, pero el vigilante lo vio allí tirado, y llamó para que viniesen a buscarlo. Cuando Gatheru llegó, encontró a su amigo inconsciente, con sangre que manaba de la parte posterior de la cabeza, la boca y la nariz. Estaba respirando profundo y emitiendo gorjeos.

En los 15 minutos para llegar al Hospital del Distrito de Nyahururu, que no tiene unidad de cuidados intensivos, Wanjiru respiró más profundamente, estiró los brazos a los lados y dejó de respirar.

Cuando el grabador está apagado, la mayoría de las personas cercanas a Wanjiru dicen que creen que fue asesinado. La investigación fue un desastre. Después de concluir rápidamente que la muerte fue un suicidio, la policía no logró asegurar la escena, y cualquier esperanza para obtener pruebas forenses se perdió cuando se limpió la casa.

En Nyahururu, existe un sentimiento generalizado de que la policía no estaba contenta con Wanjiru, después de que éste afirmó que estaba perseguido por el cargo del arma de fuego, y muchos ciudadanos piensan que la policía quería su dinero. Tres personas de manera independiente le dijeron a Sports Illustrated que se encontraban en la comisaría de policía la mañana del 16 de mayo, y que escucharon a los funcionarios amenazar con llevar al hermano de Wanjiru, Simon, a la cárcel si no entregaba el documento de identidad y las tarjetas de crédito de Sammy. Simon, a regañadientes, confirmó esa declaración.

Njeri dijo a los periodistas que había sabido de la caída de Wanjiru por la policía. Sin embargo, tanto Ngatia como Gatheru dicen que ella los llamó alrededor de las 11:30 de la noche anterior para decirles que el vigilante le había llamado para decir que Sammy se había caído y estaba herido.

Hannah Wanjiru está convencida de que su hijo fue golpeado en la parte posterior de la cabeza y asesinado, y que Njeri y la policía estaban conspirando para quedarse con el dinero de Sammy. Hannah obligó a la policía a ver el material de archivo de seguridad de la casa de su hijo en su presencia, pero la cámara que señala el balcón no estaba funcionando. (El video muestra a varios hombres que entran en el recinto a pie. La película es oscura, y los hombres no han sido identificados públicamente. Debido a que la cámara del balcón no estaba funcionando, las personas que vieron el video dicen que no podrían afirmar si los hombres entran antes o después de la caída de Wanjiru.)


En junio, Hannah blandía un machete ante sus propios familiares, exigiendo que no se entierre a su hijo hasta que la investigación se haya completado. (Ella perdió esa batalla legal para detener el entierro.) Por razones desconocidas, el cuerpo de Wanjiru fue embalsamado en parte, antes de que se examinara a fondo, y, asombrosamente, 11 meses después de su muerte, no se había emitido un informe final de la autopsia. Sin embargo, un informe post-mortem publicado en junio del año pasado, indica que Wanjiru tenía heridas en las manos y las rodillas "compatibles con el aterrizaje consciente a cuatro patas", pero que murió a consecuencia de un traumatismo directo en la parte posterior de la cabeza.

Ese informe alimentó en Kenya la sospecha generalizada de que Wanjiru fue asesinado. Sports Illustrated le dio una copia del informe y fotos del balcón de la casa de Wanjiru a Michael Baden, un patólogo forense y ex inspector médico en Nueva York. Baden dice que Wanjiru sufrió una "típica lesión de contragolpe en la cabeza." Una lesión contragolpe ocurre generalmente cuando una persona cae hacia atrás, y la señal es una fractura en la parte posterior de la cabeza y hematomas en la parte frontal del cerebro, que se producen cuando se va de golpe hacia delante, contra la parte interior del cráneo. "Eso es lo que ayuda a distinguir una caída, en comparación con una lesión en la que una persona es golpeada en la cabeza mientras se encuentra estática", dice Baden. "La caída desde 3 metros de altura es más que suficiente para causar esta lesión fatal". La lesión es más frecuente en la gente bebida, que patinan y caen hacia atrás sin girar para protegerse. Baden dijo que Wanjiru pudo haber tratado de pasar por encima de la barandilla y cayó hacia adelante a cuatro patas en el techo inclinado bajo el balcón, y luego cayó de espaldas al suelo. La mayoría de los amigos de Wanjiru dudan que hubiera tratado de bajar desde el balcón intencionadamente; sin embargo, uno de los mejores amigos de Wanjiru, Norman Mathathi, le dijo a Sports Illustrated que él y Wanjiru habían saltado desde el balcón antes.

Pero quizá la razón que hace más difícil creer en una teoría de la conspiración sobre la muerte de Wanjiru, es que si alguien quería el dinero de Sammy, parece que todo lo que tenía que hacer era pedirlo.

Hay un dicho kikuyu: Ido cia mwene cimumaga thutha. (Cuando el dueño muere, ellos le siguen.) Se refiere principalmente a los seres vivos, como el ganado. Puesto que la familia de Wanjiru ha estado peleando por su patrimonio, la inversión más cercana a su corazón - la granja de productos lácteos a cinco millas a las afueras de Nyahururu -, se ha consumido.

Nadie atendió las vacas después de que Wanjiru murió, y la mayoría murieron o fueron vendidas. Cuando James Mwangi, el veterinario, llegó a principios de febrero, tuvo que cortar ramas para alimentar a los dos animales restantes, una flaca novilla y una vaca lechera, para que no muriesen de hambre. La vaca había sido el orgullo de la granja, produciendo casi 40 litros de leche al día. Wanjiru la amaba. Le había puesto de nombre “Pekín”, después de su gran triunfo.

En la capital china, Wanjiru cambió el marathon para siempre. Una vez, los corredores podían esperar durante los primeros 30 kilómetros de los grandes marathones, pero desde el ejemplo de Wanjiru, la carrera comienza con el disparo. Trece de los 17 sub-2h.05’ de siempre han llegado desde la épica actuación de Wanjiru en los Juegos Olímpicos. Se espera que, en Londres, los kenianos rompan a los corredores del resto del mundo desde el disparo. Ese será el legado de Wanjiru.

Ahora descansa, enterrado en la granja lechera. Mwangi, quien está ayudando a recaudar dinero para una unidad de cuidados intensivos en el hospital de la ciudad, volvió allí a mediados de febrero para comprobar el estado de las dos vacas. La pequeña novilla había muerto.

Ahora lo único que queda es Pekín.

6 comentarios:

TRASTO dijo...

Merece la pena leerlo todo.

gulez dijo...

Interesantísimo el tema. Me han aclarado ciertas dudas. Después de leerlo todo, creo que su muerte fue accidental.

Gonzalo Quintana dijo...

Gran artículo.

JAVI VEGA dijo...

Que pena y que desperdicio. Menuda historia para no dormir

Santa Biología dijo...

Cada día te superas más, madre mía!! muy bueno tío!!

un abrazo

FranChu dijo...

Es una pena ver cómo el dinero puede llegar a arruinar la vida de las personas.

Muchas gracias por reproducir y traducir este gran artículo.