lunes, 30 de abril de 2012

EL MARATHONIANO DE NINGUNA PARTE


Hace unos días, el atleta internacional Rafa Iglesias se hacía eco de un hecho lamentable, ocurrido en la reciente Marathon de Madrid: en el control de chip del Km. 35 se registró a un total de 9.635 corredores, por 9.959 en meta.

Muchas cosas en común con esos más de 300 “marathonianos” tiene el protagonista de la historia que contamos hoy. Como siempre, espero que os resulte amena y entretenida.

Unos meses antes de los JJOO de Seúl 1988, Polin Belisle envió a las autoridades deportivas de Belice, su país natal, una carta con evidencias de su cuarto puesto en la Marathon de Long Beach de aquel año.

Pasaron las semanas y Belisle, que se había mudado a Los Ángeles a los 9 años, se estaba poniendo nervioso. Por fin, en agosto, una carta llegó al apartamento que compartía con su madre y su esposa en North Hollywood. En la carta, David Fonseca, secretario de la Belize Olympic Association, informaba a Belisle que había sido elegido como uno de los ocho miembros del equipo olímpico de Belice. "Mi sueño siempre ha sido correr en los Juegos Olímpicos", decía. También se le hacía hincapié en que "su patrocinador será responsable de sus gastos. Por favor, remita tres mil dólares antes del 15 de agosto."

El emprendedor Belisle ya había conseguido el dinero antes de enviar su solicitud; sin embargo, no se contentaría con sólo vestir los colores nacionales en Seúl y disfrutar la experiencia. Sus planes iban mucho más allá. "Quiero ganar el oro", decía.

No es extraño que un atleta de un país pequeño pueda optar a tan magna empresa. De hecho, el principal favorito para ganar la marathon era Ahmed Salah, de Djibuti; sin embargo, Salah tenía una mejor marca personal de 2h07’07”, sólo 17” por encima del récord mundial, mientras que la mejor prestación de Belisle hasta la fecha era sus 2h.20’ del Marathon de Los Ángeles de aquel año.

Belisle comenzó a tomarse en serio las carreras en Valley College. Para los JJOO, bebía zumo de zanahoria y corría 400 Km. a la semana (¡!) en las montañas sobre Griffith Park y Sylmar. “La altitud es parte del secreto para ser un buen corredor de marathon”, decía.

Belisle tuvo una actuación decepcionante en Seúl, vomitando durante la carrera, y viéndose obligado a hacer varias paradas. Él lo achacó a una reacción a la comida coreana. Terminó en última posición, con 3h14’. "Estaba muy enojado por todo el entrenamiento que había realizado", dijo.

En 1991, con su 22º puesto (2h24’15”) en la Marathon de Los Ángeles, Belisle se ganó el derecho a representar nuevamente a su país en los JJOO de Barcelona.

Para entonces, ya había podido dejar su trabajo en Universal Studios, una vez que el gobierno de Belice acordó patrocinarle en sus entrenamientos. También habían planeado enviarle a competir en marathones por todo el mundo, incluyendo el Campeonato del Mundo, en Japón.

El ligero corredor de 1,65 metros, afirmaba entonces entrenar 180 Km. a la semana, y se había aliado con su nuevo entrenador, Ed Kubinski, un mecánico de General Motors, sin experiencia como entrenador, que decía recibir la información que necesitaba de los libros.

Centrándose a tiempo completo en su carrera, Belisle creía que podía rebajar considerablemente su tiempo en marathon, al tiempo que perseguía su “sueño de ganar la medalla de oro olímpica”. Y Barcelona sería diferente a Seúl, al menos en una cosa: “voy a llevarme mi propia comida”, decía.

Dos semanas antes de su vuelo a Barcelona, Polin Belisle afirmaba: “He entrenado muy duro. Esta vez será diferente. Estoy mucho más confiado, con más experiencia.”

Pero había un agujero en la trama...

"(Belisle) no está en nuestro equipo, y tampoco se le ha dado ninguna indicación para que crea que será parte del mismo", dijo Joan Burrell, por entonces presidente de la Belize Amateur Athletic Association.

Burrell y otros decían que Belisle, de 26 años por entonces, se estaba presentando a sí mismo como atleta olímpico, solicitando patrocinadores. “Tenía que ir a los Juegos, para asegurarse que no decepcionaría a sus patrocinadores”, dijo Fonseca.

Las autoridades de Belice afirman que Belisle les animaba a incluirle en el equipo, mediante decenas de llamadas internacionales, que a menudo terminaban a gritos.

En los dos años anteriores, Belisle había sido descalificado de al menos dos marathones, poniendo en duda la validez de todos sus resultados. Y las autoridades de Belice afirmaban que no estaba capacitado para correr en los JJOO de 1988, que él los engañó para ser incluido en el equipo.

Sin embargo, Belisle continuaba diciendo que la carrera había sido siempre su pasión, y que en su juventud, antes de mudarse a los Estados Unidos con su madre, corría en los suburbios de la ciudad de Belice con su hermano, ocho o diez kilómetros antes del desayuno. Cuando se entrenaba para los marathones, decía, podía correr más de 300 Km. a la semana.

Pero todo era falso, de acuerdo con la comunidad de corredores. "Si tengo que ubicarle entre todos los atletas que he tenido, estaría alrededor del puesto 1.000" dijo Dave Kemp, entrenador de Belisle en la Burbank High School.

La comunidad de corredores ve toda la carrera de Belisle con escepticismo. Hasta que de pronto surgió en 1988 como un corredor olímpico de Belice, había sido mediocre en el mejor de los casos. De acuerdo con Joe Carlson, director ejecutivo de aquella Marathon de Long Beach en la que se ganó el billete para Seúl (con un tiempo de 2h36’18”), la autenticidad del resultado de Belisle nunca se comprobó en el vídeo, porque nadie se acercó para verificarlo.

Sus compañeros de selección decían que Belisle era arrogante acerca de sus posibilidades en Seúl: “Quiero ganar el oro”; sin embargo, parecía más centrado en otros asuntos. Eugene Muslar, otro corredor de marathon de Belice, dice que Belisle llegaba tarde todos los días, a las 2 ó 3 de la madrugada, y que siempre estaba de fiesta.

Corrió el marathon olímpico en 3h14’02” y se clasificó en última posición. Él lo achacó a la comida coreana, pero otros, entre ellos Fonseca, creen que el resultado fue un reflejo fiel de su capacidad real.

Belisle señaló también los 2h11’ del Marathon de Chicago 1991 como su mejor marca personal; sin embargo, los oficiales de la carrera nunca habían oído hablar de él. De hecho, aquella carrera se ganó en 2h14’.

En 1992 fue descalificado en el Marathon de Los Ángeles, así como en el de Long Beach 1991, por no aparecer en los vídeos ni en los controles intermedios de carrera. Cuando los oficiales de Long Beach recibieron una llamada del abogado de Belisle para preguntar cuándo pagarían los 2.000 dólares que correspondían a su cliente por su quinto puesto (2h17’39”), dijeron que pagarían cuando Belisle se presentara en sus oficinas y se señalase a sí mismo en el vídeo de la carrera.

“Polin vino y miró la película”, dijo Carlson. “Le pedí que se señalase en el vídeo, y él se levantó y se fue”.

Belisle había hecho gala de un encanto natural con el que había conseguido convencer a algunas personas para financiar su campaña olímpica. Una de esas personas fue un músico de jazz de Los Ángeles, ganador de un premio Grammy, que había conocido a Belisle por su interés mutuo en correr. El músico dijo que había dado a Belisle un total de 3.000 dólares, pero que había terminado de perder la paciencia con él cuando Polin le pidió hacer en casa del músico una fiesta de despedida antes de partir a los JJOO. El músico se negó, pero una noche, días más tarde, la gente empezó a llegar a su casa, preparados para la fiesta.

Cuando se empezó a saber este tipo de cosas, Belisle incurrió en una serie de contradicciones: afirmaba que las autoridades de Belice le habían dado permiso para correr si él mismo se financiaba el viaje; sin embargo, todo fue negado por los beliceños.

“Él ya no tiene ninguna credibilidad”, dijo Burrell. “Podemos ser un país del Tercer Mundo, pero somos honestos”.

Sin embargo, Belisle estuvo de nuevo en la línea de salida de la marathon olímpica de Barcelona, en 1992.

Se suponía que Belisle no debía tomar la salida de aquella carrera. Ni siquiera debería estar en la villa olímpica. “El 29 de julio ordené su expulsión del equipo”, dijo Julio Villalta, Presidente del Comité Olímpico de Honduras. “No sé cómo ha podido suceder”.

Belisle tiene una breve aparición en el vídeo, al inicio de la prueba, desapareciendo poco más adelante. Villalta llamó a Belisle “irresponsable y deshonesto”, pero también se reprendió a sí mismo por no haberlo comprobado más a fondo.

Hasta ese momento, Villalta consideraba a Belisle un regalo del cielo. En la primavera de 1992, Belisle le había solicitado representar a Honduras en los JJOO, mostrando una copia de su certificado de nacimiento y un recorte de periódico relativo a la Marathon de Los Ángeles. Con ello, Belisle estaba asegurando haber nacido en Puerto Cortés (Honduras), y que su espectacular tiempo de 2h18’38” le convertía en el mejor corredor de marathon del país. Incluso se ofreció a financiar su propio viaje a Barcelona, asegurando que contaba con el patrocinio de una importante firma de calzado.

El 15 de julio de 1992, después de haber firmado un juramento de lealtad a Honduras, Belisle fue incorporado al equipo, y el día 18 viajó a Barcelona con los billetes comprados con dinero prestado por su madre. También tomó prestado de ella su nombre de soltera. Como Apolinario Belisle Gómez, aparecía inscrito en tres eventos: 5.000, 10.000 y marathon.

Belisle fue descubierto por los propios atletas de Belice, al verle en las listas de participación. “¿No es éste nuestro Polin Belisle?”, se preguntaron. Ned Pitts, Presidente del Comité Olímpico de Belice, dijo a Villalta que Belisle había representado a Belice en 1988. Belisle fue desterrado de la villa olímpica, pero las autoridades de Honduras le permitieron conservar sus credenciales, como recuerdo, dando por hecho que éstas serían invalidadas por el Comité Olímpico. Cuando no se presentó a las pruebas de 5.000 y 10.000 metros, el tema se dio por zanjado.


Pero aún en el caso de que Belisle se las hubiese arreglado para permanecer en Barcelona, nunca debería haber tomado la salida del marathon, puesto que el día antes de la prueba, los atletas deben ser confirmados por parte de su delegación, y Villalta asegura que nunca confirmaron a Belisle. Pero alguien lo hizo.

En un lugar destacado en la línea de salida, pudo verse, al inicio de la retransmisión de la NBC, con su ropa de color azul oscuro y el dorsal “907”, al marathoniano sin país. “Él realmente hizo historia”, dijo Pitts con sorna.

“Nunca debió haber estado en unos JJOO”, dijo Burrell. Las autoridades de Belice también están enojados por lo que describen como “acoso telefónico” en los meses previos a los Juegos. Su desesperación por estar en los JJOO, dicen, está impulsada por el ego y la codicia.

Poco después de la marathon olímpica de Barcelona, el músico que había sido engañado por Belisle recibió en su casa de Beverly Hills una carta que contenía un recorte de periódico, en el que aparecía una foto con una flecha dibujada y el texto “yo en los Juegos Olímpicos”.

Según la esposa del músico, era su prueba para redimirse. Sin embargo, necesitará mucho más que una foto para congraciarse con Villalta. “Nunca volverá a correr para nuestro país. Hemos aprendido de esta experiencia, y espero que nunca se repita”.

5 comentarios:

jose Nogales dijo...

Alucino con tus historias atléticas. Un gusto leerte.

FranChu dijo...

Me parece increíble que sucedan este tipo de cosas.

Me uno al comentario de Nogales: un gustazo leer tu blog.

Saludos

Solidamente dijo...

Gracias por estos posts tan interesantes Fernando.

Saturnino dijo...

Vaya personaje. Recursos para correr no tendría, pero en el arte del engaño era un genio.
Un saludo.

Santa Biología dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=DzeIfYvZ-mk