lunes, 30 de abril de 2012

EL MARATHONIANO DE NINGUNA PARTE


Hace unos días, el atleta internacional Rafa Iglesias se hacía eco de un hecho lamentable, ocurrido en la reciente Marathon de Madrid: en el control de chip del Km. 35 se registró a un total de 9.635 corredores, por 9.959 en meta.

Muchas cosas en común con esos más de 300 “marathonianos” tiene el protagonista de la historia que contamos hoy. Como siempre, espero que os resulte amena y entretenida.

Unos meses antes de los JJOO de Seúl 1988, Polin Belisle envió a las autoridades deportivas de Belice, su país natal, una carta con evidencias de su cuarto puesto en la Marathon de Long Beach de aquel año.

Pasaron las semanas y Belisle, que se había mudado a Los Ángeles a los 9 años, se estaba poniendo nervioso. Por fin, en agosto, una carta llegó al apartamento que compartía con su madre y su esposa en North Hollywood. En la carta, David Fonseca, secretario de la Belize Olympic Association, informaba a Belisle que había sido elegido como uno de los ocho miembros del equipo olímpico de Belice. "Mi sueño siempre ha sido correr en los Juegos Olímpicos", decía. También se le hacía hincapié en que "su patrocinador será responsable de sus gastos. Por favor, remita tres mil dólares antes del 15 de agosto."

El emprendedor Belisle ya había conseguido el dinero antes de enviar su solicitud; sin embargo, no se contentaría con sólo vestir los colores nacionales en Seúl y disfrutar la experiencia. Sus planes iban mucho más allá. "Quiero ganar el oro", decía.

No es extraño que un atleta de un país pequeño pueda optar a tan magna empresa. De hecho, el principal favorito para ganar la marathon era Ahmed Salah, de Djibuti; sin embargo, Salah tenía una mejor marca personal de 2h07’07”, sólo 17” por encima del récord mundial, mientras que la mejor prestación de Belisle hasta la fecha era sus 2h.20’ del Marathon de Los Ángeles de aquel año.

Belisle comenzó a tomarse en serio las carreras en Valley College. Para los JJOO, bebía zumo de zanahoria y corría 400 Km. a la semana (¡!) en las montañas sobre Griffith Park y Sylmar. “La altitud es parte del secreto para ser un buen corredor de marathon”, decía.

Belisle tuvo una actuación decepcionante en Seúl, vomitando durante la carrera, y viéndose obligado a hacer varias paradas. Él lo achacó a una reacción a la comida coreana. Terminó en última posición, con 3h14’. "Estaba muy enojado por todo el entrenamiento que había realizado", dijo.

En 1991, con su 22º puesto (2h24’15”) en la Marathon de Los Ángeles, Belisle se ganó el derecho a representar nuevamente a su país en los JJOO de Barcelona.

Para entonces, ya había podido dejar su trabajo en Universal Studios, una vez que el gobierno de Belice acordó patrocinarle en sus entrenamientos. También habían planeado enviarle a competir en marathones por todo el mundo, incluyendo el Campeonato del Mundo, en Japón.

El ligero corredor de 1,65 metros, afirmaba entonces entrenar 180 Km. a la semana, y se había aliado con su nuevo entrenador, Ed Kubinski, un mecánico de General Motors, sin experiencia como entrenador, que decía recibir la información que necesitaba de los libros.

Centrándose a tiempo completo en su carrera, Belisle creía que podía rebajar considerablemente su tiempo en marathon, al tiempo que perseguía su “sueño de ganar la medalla de oro olímpica”. Y Barcelona sería diferente a Seúl, al menos en una cosa: “voy a llevarme mi propia comida”, decía.

Dos semanas antes de su vuelo a Barcelona, Polin Belisle afirmaba: “He entrenado muy duro. Esta vez será diferente. Estoy mucho más confiado, con más experiencia.”

Pero había un agujero en la trama...

"(Belisle) no está en nuestro equipo, y tampoco se le ha dado ninguna indicación para que crea que será parte del mismo", dijo Joan Burrell, por entonces presidente de la Belize Amateur Athletic Association.

Burrell y otros decían que Belisle, de 26 años por entonces, se estaba presentando a sí mismo como atleta olímpico, solicitando patrocinadores. “Tenía que ir a los Juegos, para asegurarse que no decepcionaría a sus patrocinadores”, dijo Fonseca.

Las autoridades de Belice afirman que Belisle les animaba a incluirle en el equipo, mediante decenas de llamadas internacionales, que a menudo terminaban a gritos.

En los dos años anteriores, Belisle había sido descalificado de al menos dos marathones, poniendo en duda la validez de todos sus resultados. Y las autoridades de Belice afirmaban que no estaba capacitado para correr en los JJOO de 1988, que él los engañó para ser incluido en el equipo.

Sin embargo, Belisle continuaba diciendo que la carrera había sido siempre su pasión, y que en su juventud, antes de mudarse a los Estados Unidos con su madre, corría en los suburbios de la ciudad de Belice con su hermano, ocho o diez kilómetros antes del desayuno. Cuando se entrenaba para los marathones, decía, podía correr más de 300 Km. a la semana.

Pero todo era falso, de acuerdo con la comunidad de corredores. "Si tengo que ubicarle entre todos los atletas que he tenido, estaría alrededor del puesto 1.000" dijo Dave Kemp, entrenador de Belisle en la Burbank High School.

La comunidad de corredores ve toda la carrera de Belisle con escepticismo. Hasta que de pronto surgió en 1988 como un corredor olímpico de Belice, había sido mediocre en el mejor de los casos. De acuerdo con Joe Carlson, director ejecutivo de aquella Marathon de Long Beach en la que se ganó el billete para Seúl (con un tiempo de 2h36’18”), la autenticidad del resultado de Belisle nunca se comprobó en el vídeo, porque nadie se acercó para verificarlo.

Sus compañeros de selección decían que Belisle era arrogante acerca de sus posibilidades en Seúl: “Quiero ganar el oro”; sin embargo, parecía más centrado en otros asuntos. Eugene Muslar, otro corredor de marathon de Belice, dice que Belisle llegaba tarde todos los días, a las 2 ó 3 de la madrugada, y que siempre estaba de fiesta.

Corrió el marathon olímpico en 3h14’02” y se clasificó en última posición. Él lo achacó a la comida coreana, pero otros, entre ellos Fonseca, creen que el resultado fue un reflejo fiel de su capacidad real.

Belisle señaló también los 2h11’ del Marathon de Chicago 1991 como su mejor marca personal; sin embargo, los oficiales de la carrera nunca habían oído hablar de él. De hecho, aquella carrera se ganó en 2h14’.

En 1992 fue descalificado en el Marathon de Los Ángeles, así como en el de Long Beach 1991, por no aparecer en los vídeos ni en los controles intermedios de carrera. Cuando los oficiales de Long Beach recibieron una llamada del abogado de Belisle para preguntar cuándo pagarían los 2.000 dólares que correspondían a su cliente por su quinto puesto (2h17’39”), dijeron que pagarían cuando Belisle se presentara en sus oficinas y se señalase a sí mismo en el vídeo de la carrera.

“Polin vino y miró la película”, dijo Carlson. “Le pedí que se señalase en el vídeo, y él se levantó y se fue”.

Belisle había hecho gala de un encanto natural con el que había conseguido convencer a algunas personas para financiar su campaña olímpica. Una de esas personas fue un músico de jazz de Los Ángeles, ganador de un premio Grammy, que había conocido a Belisle por su interés mutuo en correr. El músico dijo que había dado a Belisle un total de 3.000 dólares, pero que había terminado de perder la paciencia con él cuando Polin le pidió hacer en casa del músico una fiesta de despedida antes de partir a los JJOO. El músico se negó, pero una noche, días más tarde, la gente empezó a llegar a su casa, preparados para la fiesta.

Cuando se empezó a saber este tipo de cosas, Belisle incurrió en una serie de contradicciones: afirmaba que las autoridades de Belice le habían dado permiso para correr si él mismo se financiaba el viaje; sin embargo, todo fue negado por los beliceños.

“Él ya no tiene ninguna credibilidad”, dijo Burrell. “Podemos ser un país del Tercer Mundo, pero somos honestos”.

Sin embargo, Belisle estuvo de nuevo en la línea de salida de la marathon olímpica de Barcelona, en 1992.

Se suponía que Belisle no debía tomar la salida de aquella carrera. Ni siquiera debería estar en la villa olímpica. “El 29 de julio ordené su expulsión del equipo”, dijo Julio Villalta, Presidente del Comité Olímpico de Honduras. “No sé cómo ha podido suceder”.

Belisle tiene una breve aparición en el vídeo, al inicio de la prueba, desapareciendo poco más adelante. Villalta llamó a Belisle “irresponsable y deshonesto”, pero también se reprendió a sí mismo por no haberlo comprobado más a fondo.

Hasta ese momento, Villalta consideraba a Belisle un regalo del cielo. En la primavera de 1992, Belisle le había solicitado representar a Honduras en los JJOO, mostrando una copia de su certificado de nacimiento y un recorte de periódico relativo a la Marathon de Los Ángeles. Con ello, Belisle estaba asegurando haber nacido en Puerto Cortés (Honduras), y que su espectacular tiempo de 2h18’38” le convertía en el mejor corredor de marathon del país. Incluso se ofreció a financiar su propio viaje a Barcelona, asegurando que contaba con el patrocinio de una importante firma de calzado.

El 15 de julio de 1992, después de haber firmado un juramento de lealtad a Honduras, Belisle fue incorporado al equipo, y el día 18 viajó a Barcelona con los billetes comprados con dinero prestado por su madre. También tomó prestado de ella su nombre de soltera. Como Apolinario Belisle Gómez, aparecía inscrito en tres eventos: 5.000, 10.000 y marathon.

Belisle fue descubierto por los propios atletas de Belice, al verle en las listas de participación. “¿No es éste nuestro Polin Belisle?”, se preguntaron. Ned Pitts, Presidente del Comité Olímpico de Belice, dijo a Villalta que Belisle había representado a Belice en 1988. Belisle fue desterrado de la villa olímpica, pero las autoridades de Honduras le permitieron conservar sus credenciales, como recuerdo, dando por hecho que éstas serían invalidadas por el Comité Olímpico. Cuando no se presentó a las pruebas de 5.000 y 10.000 metros, el tema se dio por zanjado.


Pero aún en el caso de que Belisle se las hubiese arreglado para permanecer en Barcelona, nunca debería haber tomado la salida del marathon, puesto que el día antes de la prueba, los atletas deben ser confirmados por parte de su delegación, y Villalta asegura que nunca confirmaron a Belisle. Pero alguien lo hizo.

En un lugar destacado en la línea de salida, pudo verse, al inicio de la retransmisión de la NBC, con su ropa de color azul oscuro y el dorsal “907”, al marathoniano sin país. “Él realmente hizo historia”, dijo Pitts con sorna.

“Nunca debió haber estado en unos JJOO”, dijo Burrell. Las autoridades de Belice también están enojados por lo que describen como “acoso telefónico” en los meses previos a los Juegos. Su desesperación por estar en los JJOO, dicen, está impulsada por el ego y la codicia.

Poco después de la marathon olímpica de Barcelona, el músico que había sido engañado por Belisle recibió en su casa de Beverly Hills una carta que contenía un recorte de periódico, en el que aparecía una foto con una flecha dibujada y el texto “yo en los Juegos Olímpicos”.

Según la esposa del músico, era su prueba para redimirse. Sin embargo, necesitará mucho más que una foto para congraciarse con Villalta. “Nunca volverá a correr para nuestro país. Hemos aprendido de esta experiencia, y espero que nunca se repita”.

miércoles, 18 de abril de 2012

LA VOLÁTIL VIDA Y MISTERIOSA MUERTE DE SAMMY WANJIRU

Hace casi año que falleció el keniano Samuel Wanjiru, campeón olímpico de marathon en Pekín 2008. La revista especializada Sport Illustrated acaba de publicar un artículo que reproducimos aquí. Es bastante extenso, pero su lectura muy interesante. Merece la pena hacer un hueco en la agenda, y dedicarle el tiempo necesario para leer con atención esta historia de un deportista portentoso, precoz como muy pocos y con un talento descomunal, que se hizo un merecido hueco en el Olimpo, pero también en el baúl de los juguetes rotos…

Durante millones de años, la región del Valle del Rift, en Kenya, ha sido el escenario de migraciones masivas, pero por lo general implican a las cebras, gacelas, ñus y los depredadores que persiguen a éstos. Así que los residentes de Nyahururu no olvidarán la mañana del 16 de mayo de 2011, cuando su pueblo agrícola comenzó a abarrotarse de gente. Miles de personas fluían, amontonados en vagones o aferrados a los lados de los atestados microbuses, conocidos como “matatus”. En el mejor de los casos, viajar por los caminos llenos de baches del valle es lento y peligroso, pero ese día, con carros tirados por burros y apretados en automóviles, tan fuerte como piezas de Tetris, las calles estaban atestadas. Todas esas personas se acercaban para ver si era verdad: ¿Podría ser realmente que Sammy Wanjiru ha muerto?

¿Y cómo podría culparles? Wanjiru había traído a casa el último talismán de carreras de larga distancia del que Kenya carecía - una medalla de oro en el marathon -, y después de los Juegos de 2008, el pueblo de Nyahururu lo había agasajado en el estadio de la ciudad, en lo alto de un camión, regocijándose en su fuerza sobrehumana.

Los expertos decían que el marathon de los Juegos Olímpicos de Pekín sería lento. Las temperaturas superaron los 26º C. Y fue lento para todos, excepto para Wanjiru. "Los atletas en Pekín van a estar fuertes en los últimos cinco kilómetros", dijo Wanjiru a uno de sus entrenadores, Francis Kamau, antes de irse a China. "La única forma de acabar con ellos será hacerlo desde el disparo. Luego, cuando traten de llegar, no podrán."


Así fue exactamente como corrió la más grande marathon de la Historia. Con una humedad sofocante, puso un ritmo de Récord del Mundo desde el principio. A los 15 kms. de carrera, sólo cuatro corredores estaban ya con él, y Wanjiru les estaba atormentando. Miró su reloj, dijo más tarde a su compatriota Peter Kirui, para desestabilizar a sus competidores, y cuando sus rivales trataron de pegarse a Wanjiru, éste se fue de ellos. En el momento en que entró en el estadio “Nido de Pájaro”, llevaba 15 minutos en solitario. Esprintó hacia la línea de meta, a pesar de que no había nadie cerca, y terminó en 2:06:32, rompiendo el récord olímpico en casi tres minutos.

Menos de tres años más tarde, poco después de las 23:00 del 15 de mayo de 2011, Wanjiru fue encontrado tendido de espaldas en el pavimento, bajo un balcón de su casa, con sangre manando de la parte posterior de su cabeza. A medianoche ya estaba muerto. La policía rápidamente emitió una declaración según la cual, la causa de la muerte de Wanjiru era un suicidio. Dijeron que había saltado después de que su esposa lo sorprendiera en la casa con otra mujer.

En su punto más alto, el balcón está a una altura de 4 metros sobre el pavimento. Nadie creyó el comunicado de la policía.

Labrarse un futuro fuera de la sabana semiárida del centro de Kenya nunca ha sido fácil, ni siquiera para los niños que, a diferencia de Sammy Wanjiru, se criaron en un hogar con un padre.

En la década de 1950, Nyahururu, que se encuentra casi exactamente sobre el ecuador, a casi 2.500 metros de altitud sobre la base del valle del Rift, era un centro de rebelión contra las autoridades coloniales británicas. La región era tan peligrosa que un escritor de la revista LIFE la describe como un lugar donde "se deja la pistola en la bandeja de jabón cuando tomas un baño." Después de que Kenya lograra la independencia en 1963, sin embargo, esta zona de tierras de cultivo, atravesada por una maraña de caminos, fue relativamente pacífica. Desde 1990, Nyahururu ha duplicado su tamaño, a medida que los agricultores se reunieron allí para hacerse cargo de la tierra barata para el cultivo, así como el acceso a las industrias florecientes de la ciudad, tales como la Cooperativa Láctea de Kenya. Sin embargo, la ciudad, de 30.000 habitantes, no es tan mansa como para que algún visitante resulte aún muerto por un hipopótamo o un león.

Wanjiru creció en las afueras de Nyahururu, y no usó zapatos hasta que tenía 14 años. Corría o caminaba descalzo sobre la tierra y las rocas para llegar a la escuela o a la tienda de comestibles. Cuando el agua se necesita para la cocina, tenía que caminar hasta el río Kwandugiri.

Durante unos años tras el nacimiento de Sammy, su madre, Hannah, trabajaba como jardinera, y vendía avena para conseguir dinero. Pero no podía ganar lo suficiente, así que dejó a Sammy y a su hermano menor, Simon, con sus abuelos, y desapareció durante meses para ganar más.

La mayoría de los años, los familiares de Sammy lograron reunir suficiente dinero para las tasas de matrícula. Era un muchacho tranquilo - podía pasar horas jugando con un coche de metal tirado por un hilo -, pero hizo amigos en la escuela por correr. En cuarto grado comienza en las carreras de campo a través. Le pedía a sus parientes que rezasen por él, y creía que funcionaba, puesto que no dejaba de ganar. Ganó los 3.000 metros en los campeonatos del distrito en la pista de grava en el estadio de Nyahururu. Sin embargo, el dinero se acabó, y Sammy nunca terminó la escuela secundaria.

No obstante, gracias a un contacto entre un entrenador local y un ojeador japonés, la zona de Nyahururu se había convertido en una oportunidad para los corredores de la etnia kikuyu, a la que Sammy pertenecía, para obtener becas para las escuelas secundarias japonesas, además de ayudar a las escuelas que compiten en las célebres carreras por relevos en ruta, llamadas “ekiden”. Cuando un entrenador le preguntó a Sammy si estaba interesado en asistir a la escuela en Japón, respondió que no tenía ni idea de dónde estaba Japón, pero que estaba listo para ir. Y así, en 2002, pasó directamente a la escuela secundaria Sendai Ikuei Gakuen, en el noreste de Japón. Ayudó a la escuela a establecer un récord “ekiden”, y repetía, una y otra vez, la palabra japonesa “gaman”, que se traduce aproximadamente como paciente o perseverante.

Una vez que Wanjiru se graduó en marzo de 2005, se quedó en Japón para correr “ekiden” con el equipo de las empresas Toyota de Kyushu, y de inmediato comenzó un patrón que duraría el resto de su vida: repartía el dinero tan rápido como lo ganaba. Envió parte de su primer cobro a Hannah, quien dice que usó el dinero para comprar una parcela de tierra para su madre.

Wanjiru era muy querido entre sus compañeros de equipo por su humildad, y llevó una vida muy tranquila en el hogar de su equipo. Sin embargo, los kenianos que han corrido para los equipos de las empresas en Japón, dicen que nunca se sintieron totalmente integrados en la sociedad japonesa, y la mayoría regresan a casa. "Debido a la cultura diferente", dice Johnson Muiruri, un corredor que entrenó con Wanjiru en Japón y se convirtió en su amigo cercano, "un hombre de Kenya no puede conseguir una novia allí, a menos que te quedes 20 años".


Fue en un viaje a casa en el verano de 2005 cuando Wanjiru conoció a Terezah Njeri. En Kenia, una mujer que vive con un hombre o cuida de su niño, puede ser considerado como su esposa. Por esa norma, Njeri se convirtió en esposa de Wanjiru en septiembre de 2005, cuando se mudó a una casa pagada por él. Fue el mismo mes en que rompió por primera vez el récord de mundo de medio marathon, por lo cual cobró 100.000 dólares.

Hannah Wanjiru y Njeri se odiaban desde el principio. Durante los dos años siguientes, Sammy construyó las dos amplias casas de las mujeres, a unos 150 metros la una de la otra, en un camino de tierra en Nyahururu. Sin embargo, cada mujer miraba con recelo todo lo que Sammy compraba a la otra. Cada una sentía que la otra quería controlar su dinero. Según amigos, familiares y socios de Sammy, ambas tenían razón.

Ninguno de los gastos de Sammy se hizo sin estudiar por su esposa o su madre. Ni los 25.000 dólares que donó a un hogar de niños en Nyahururu, después batir por tercera vez el Récord del Mundo de medio marathon, en marzo de 2007. Ni el salón de belleza que financió a Njeri, el cual fue a la quiebra. Según los entrenadores de Wanjiru, su madre incluso se quejaba cuando usaban sus coches para llevar a él y a sus compañeros a los entrenamientos. Cuando Wanjiru estaba en Japón, a menudo llamaba a su tío John Kamau, pidiéndole que mediase en las disputas entre su madre y esposa. "Las diferencias eran por el dinero", dice Kamau. "No se trataba de otra cosa".

A principios de 2008, Wanjiru volvió a casa desde Japón para quedarse. Más tarde, ese mismo año, después de su espectacular victoria olímpica, comenzó a tener unos altísimos honorarios cada vez que corría. El dinero profundizó la brecha entre su madre y su esposa. Al mismo tiempo, Wanjiru estaba muy ocupado gastando o regalando ese dinero. Disfrutaba de su riqueza. Encargó a un artista local un mural gigante, en una de las paredes que rodean su casa. Y el niño que podía jugar durante horas con un coche de chatarra, era ahora un hombre que pagaba en efectivo por una flota de lo mejor de Toyota - Land Cruiser, Mark X, RAV4 -, que rápidamente se depreciarían en las bacheadas carreteras de Kenya.

Él nunca se negó a personas que necesitaban dinero. Después de una sesión de entrenamiento, Wanjiru iba a comprar el almuerzo para 25 corredores, y compró un Nissan para uso de los atletas que no tenían otra manera de viajar a las carreras. Un corredor llamado Ken Kasmili dice que Wanjiru comenzó a pagar los honorarios de la escuela de su hijo, para que Kasmili pudiera trabajar menos horas y se centrara en el entrenamiento.

Wanjiru era una economía en sí mismo. Y casi todo lo que compró - vehículos, terrenos, casas -, era salvajemente caro. Cuando estaba en Nyahururu, frecuentaba los pubs. Sus amigos señalan casi todos los grandes bares de la ciudad como "uno de sus lugares favoritos". En el bar, Wanjiru podía pagar 3.000 dólares por parcelas de tierra de $ 900.

Sin embargo, también hizo algunas compras fructíferas. Con la ayuda de James Mwangi, un veterinario local que se convirtió en un buen amigo, Wanjiru compró un terreno y construyó una granja de productos lácteos en la que llegó a mantener 15 vacas y producir 200 litros de leche al día. Pero a Sammy no le gustaba regatear, y en absoluto negociaba cuando estaba bebido. Para el complejo de apartamentos “Pisos Nido de Pájaro” que estaba construyendo en la próspera ciudad de Nakuru, "probablemente se gastó 10 veces su costo", dice Ndegwa Wahome, el abogado que se encargó de los trámites para las transacciones de Wanjiru. "Algunas de las personas que trabajan allí se llevaron gran parte de los materiales con los que construyeron sus propias casas."

Frente al complejo donde Wanjiru fue encontrado fatalmente herido, todavía hay un parche de hierba muerta. Es donde la gente montaba sus tiendas de campaña, o colocaban mantas para poder bombardearle con oportunidades de negocio cada vez que iba o venía.

La historia del jugador de baloncesto que pasa de una vivienda de protección a figura pública es familiar para aquellos que siguen los deportes de Estados Unidos. A lo largo del Valle del Rift, una historia similar se escucha cada vez más entre los corredores de marathon, pero a una escala aún más vertiginosa y peligrosa. "Ustedes - los estadounidenses – corren en busca de gloria", dice Harun Ngatia, un fisioterapeuta que trabaja con los mejores corredores, y que trató a Wanjiru. "Aquí el interés económico es lo primero."

A medida que los premios en metálico fueron pasando cada vez más de las pruebas de pista a los marathones en las calles de Europa y los EE.UU., el número de kenianos en busca de esos premios ha aumentado considerablemente. Un podio individual en un marathon importante les puede reportar dinero suficiente como para cambiar la vida de una zona rural de Kenya. En Nyahururu, el centro comercial más importante es el Centro Olimpia, que toma el nombre de un rascacielos de Chicago, y es propiedad de Daniel Njenga, que invirtió allí el dinero ganado por sus segundo y tercer puestos en el marathon de esa ciudad.

El resultado de esta concentración de dinero en el marathon ha sido un dominio sin precedentes en el deporte moderno. A pesar de ser una potencia en carreras de larga distancia desde la década de 1960, los hombres de Kenya han hecho suya la marathon desde el ejemplo de Wanjiru en Pekín. Es el tipo de supremacía que por lo general se da cuando un país valora verdaderamente un solo deporte: Japón en el sumo, Canadá en el curling. Entre abril y noviembre de 2011, los hombres de Kenya rompieron todos los récords de los cinco marathones más importantes - Berlín, Boston, Chicago, Londres y Nueva York - por una suma total de seis minutos y 22 segundos. Es difícil llegar a calibrar en su justa medida la fuerza del ejército keniano de marathon, pero piensen esto: 16 hombres estadounidenses en toda la historia han corrido más rápido de 2h.10’, mientras que 38 hombres de Kenya lo hicieron sólo en octubre del año pasado.

De entre las muchas superestrellas del marathon que produce Kenya, relativamente pocos de ellos son miembros de la tribu de los kikuyu. Fuera de Kenya, la gente debate acerca de si los corredores keniatas de larga distancia tienen una ventaja biológica sobre los corredores de otros países. Dentro de Kenya, el debate es si el pueblo kalenjin tiene una ventaja sobre los kikuyu.

Los kalenjin, cuyos antepasados son de Sudán, y que son conocidos por sus piernas largas y extremadamente delgadas, representan sólo el 12% de la población de Kenya, pero la gran mayoría de sus mejores corredores. Mientras tanto, los kikuyu, que tienden a ser más pequeños y un poco rechonchos, componen el 22% de la población, pero contribuyen mucho menos al número de atletas de élite. (Varios hombres kalenjin han afirmado ser el padre de Wanjiru, argumentando que con su velocidad sólo podía ser kalenjin. Los familiares de Wanjiru dicen que no están seguros de quién es su padre.) Nyahururu es la base de entrenamiento más importante para los corredores kikuyu.

A las 10 de la mañana de un típico martes, la pista de grava gris en el centro de la ciudad está atestada. Cerca de 100 corredores están realizando una sesión de intervalos. Algunos de ellos son desconocidos, con poca experiencia, que se presentan y tratan de seguir los pasos de atletas como Charles Kamathi, campeón mundial de 2001 en los 10.000 metros. Incluso ahora, algunos de los corredores llevan zapatillas Nike que Wanjiru adquirió a través de su acuerdo de patrocinio. Otros se visten con la equipación nacional de los países pobres en atletas, pero ricos en dinero, tales como Bahrein, que rápidamente proporcionan la ciudadanía y un salario a los corredores keniatas, a cambio de resultados.

De acuerdo con los entrenadores de Kenya, las comunidades kalenjin han tenido más modelos de conducta que los kikuyu, con menos experiencia en materia de gestión de la repentina y asombrosa riqueza. No es que llegue con facilidad a cualquiera. Desde que los agentes deportivos fueron permitidos en Kenya en los años 90, los atletas a menudo han aprendido sus lecciones de negocios dolorosamente.

Tom Ratcliffe, un agente de atletas de Kenya con sede en Boston desde hace mucho tiempo, puede recitar de un tirón a los corredores que han hecho un poco de dinero y rápidamente han caído en malos negocios. Uno de sus antiguos clientes, Timothy Cherigat, ganó el marathon de Boston en 2004 (y también el de Donosti en 2002), y al año siguiente dejó de entrenarse de forma rigurosa, invirtiendo en una gasolinera. "Resultó que la persona a quien compró el terreno no era el propietario", dice Ratcliffe, que aconseja a los atletas a mantener su dinero en bonos del tesoro hasta que abandonen la competición. "Lo perdió, y quedó atrapado en los tribunales. Ha dado toda su carrera por esa estación de servicio."

Muchos de los mejores atletas Kalenjin se mudan ahora a Nairobi, donde su riqueza destaca menos. John Ngugi, el más grande corredor kikuyu - medallista de oro en los Juegos Olímpicos de 1988 en 5.000 metros y cinco veces campeón mundial de cross - piensa que los kikuyu deberían seguir su ejemplo. "Si alguien viene con un coche nuevo a Nyahururu," dice Ngugi, "todo el pueblo lo sabe". Ngugi estima que ganó 300.000 dólares en su carrera. Lo utilizó para construir una casa y una tienda de comestibles cerca de Nyahururu, en la que robaron cuatro veces en dos años.

Hay que tener en cuenta que un hogar típico de Nyahururu, que posee unas cuantas cabezas de ganado y cultiva maíz o patatas, puede ganar $ 1.000 en un año. Wanjiru ganó hasta US $ 10 millones, según su abogado, no sólo en premios, sino también por el contrato con Nike y una línea japonesa de suplementos dietéticos. En términos relativos, el caso de Sammy Wanjiru no podría haber sido más dramático en cuanto al ascenso de la pobreza a la riqueza.

Hubo varios intentos de robo en casa de Wanjiru, en Nyahururu. Francis Kamau dice que una vez, unos ladrones armados, detuvieron el coche de Wanjiru, y lo retuvieron, hasta que llegó la policía y mató a uno de los asaltantes. Ibrahim Kinuthia, un ex corredor internacional y entrenador que trabajó con Wanjiru, dice que algunas personas pensaban que la medalla olímpica de Wanjiru estaba hecha de oro macizo. "Nyahururu es bueno para entrenar", dice Ngugi, "pero no es bueno para quedarse."

En 2009, Wanjiru estableció récords de la prueba, tanto en el marathon de Londres (2:05:10) como en el de Chicago (2:05:41). También comenzó a salir con Mary Wacera, una corredora que conoció en la pista de Nyahururu.

Podrían hablar entre ellos acerca de Pekín, donde Wacera ganó el bronce en los 5.000 metros de los Campeonatos del Mundo Junior de 2006. Ella y Wanjiru comenzaron a ir juntos a entrenar, y a él no le importaba en ocasiones disminuir el ritmo de una carrera de recuperación para poder correr juntos y hablar.

Como prometedora atleta que era, Wacera nunca sintió la necesidad de pedir dinero a Wanjiru, con lo que se ganó a la madre de Wanjiru. Wacera tampoco se quejaba de las largas salidas nocturnas de Wanjiru, las cuales dicen sus amigos que a menudo incluían a otras mujeres.

En diciembre de 2009, Wacera y Wanjiru se casaron. Hubo una ceremonia real, lo que Wanjiru no había tenido con Terezah Njeri, que por entonces ya había dado a luz dos hijos de Wanjiru. (Tener más de una esposa es tradicional en Kenya, aunque cada vez es más raro.) "No tuve ningún problema con Njeri," dice Wacera, "pero ella me odiaba." (Njeri ha hablado con los medios de comunicación, pero no contestó los reiterados llamamientos de la Sports Illustrated.) Wanjiru alquiló una casa para Wacera justo entre las casas de su madre y Njeri, en el mismo camino de tierra.

Sin embargo, su dinero pronto comenzó a disminuir. Mwangi, el veterinario, estaba con Wanjiru una vez cuando Njeri se presentó y reprendió a su marido delante de sus amigos por no darle más dinero para los niños. "¿Cómo puedo vivir así?" recuerda Mwangi que decía Wanjiru.

Para calmar las quejas de Njeri, Wanjiru contó con Mwangi para ayudarle a abrir una farmacia en el centro de Nyahururu. La Farmacia Njewan abrió sus puertas en marzo de 2010, pero cerró en diciembre.

Incluso cuando pudo escapar de las disputas con sus mujeres, Wanjiru no pudo encontrar la soledad. Ngatia, su fisioterapeuta, recuerda que en 2010 el corredor no estaba solo, ni siquiera durante las sesiones de tratamiento. "Siempre había primos o amigos alrededor", dice Ngatia, las personas que vivían de Wanjiru. Solía estar rodeado de tanta gente que, en una ocasión, en un bar, Kinuthia trató de ahuyentar a esa gente, diciéndoles que Sammy ya no compraría más. Pero Sammy siempre estaba comprando. En una ocasión compró el Range Rover de un amigo por 145.000 dólares, casi un 100% de margen de beneficio.

Federico Rosa, manager italiano de Wanjiru, se enteró de que el corredor se estaba autodestruyendo en Nyahururu. En el marathon de Londres, en abril de 2010, Wanjiru se retiró apenas cubierta la mitad del recorrido. En el camino de regreso a Kenya, Rosa y Claudio Berardelli, un entrenador italiano de 31 años de edad que vive en Kenya y entrena a algunos de los atletas de Rosa, se llevaron a Wanjiru a Italia para hacerle una prueba de toxicidad en el hígado. Se demostró que Wanjiru aún no se había dañado de forma permanente. "Pero le dije a Federico para asustarlo", dice Berardelli, "Dile que hubo algunas señales, pero que si deja ahora de beber, las cosas estarán bien; de lo contrario, estaría en camino de perder su carrera."

En julio, Berardelli invitó a Wanjiru a un campo de entrenamiento en Italia. "Tenía probablemente unos cinco kilos de sobrepeso", dice el entrenador, “y no podía aguantar con sus compañeros 50 minutos de carrera." Después del campamento, Berardelli, que vive en Eldoret, a 80 kilómetros al noroeste de Nyahururu, encontró un lugar para que Wanjiru permaneciese cerca de él.

En agosto, con dos meses por delante para defender su título del Marathon de Chicago, y todavía en una forma horrible, Wanjiru cambió su base de entrenamiento a Eldoret. Dejó de beber de golpe, pero estaba siendo superado por otros corredores en los entrenamientos. Dos semanas antes de Chicago, Berardelli llamó a Rosa para decir que Wanjiru probablemente no sería capaz de terminar el marathon, y que deberían retirarle de la prueba. Sin embargo, Wanjiru les pidió, "Dejadme intentarlo, dejadme intentarlo, dejadme intentarlo", dice Berardelli.

Si alguna vez Wanjiru tuvo un rendimiento más impresionante que en Pekín, fue en Chicago en octubre de 2010. Sin estar en plena forma, y tras dos meses alejado del consumo excesivo de alcohol, fue varias veces superado por Tsegaye Kebede, de Etiopía, cada vez que trató de tomar el liderato de la prueba. Pero Wanjiru siguió peleando. Él y Kebede intercambiaron la ventaja en cinco ocasiones en el último kilómetro. Wanjiru parecía conformarse con la segunda plaza, cuando empezó a mirar atrás para ver quién venía. Sin embargo, con sólo 400 metros para la meta, superó al sprint a Kebede, lo que provocó que el locutor de televisión de la carrera dejase escapar: "What balls this guy's got!" Ganó por 19 segundos.

"Sammy aún iba a hacer más dinero, así que, ¿por qué morir para ganar esta carrera?" se pregunta Berardelli. "Tenía la mentalidad de que sólo piensa en ser el primero siempre, para levantar las manos y decir que es el mejor"

Después de la marathon de Chicago, Wanjiru volvió a Nyahururu. Nunca corrió de nuevo.

De vuelta a casa, Wanjiru bebía constantemente y estaba cansado. Siempre dormitaba en medio de las conversaciones. "Quiero olvidar mis problemas", recuerda Wacera que dijo. "Le dije: Todavía estarán ahí cuando te despiertas."


El 29 de diciembre de 2010, Wanjiru fue detenido en su casa, y acusado de amenazar con matar a Njeri durante una discusión y golpear a su guardia de seguridad con la culata de un fusil de asalto AK-47 que había obtenido ilegalmente. Seis semanas más tarde, en el Día de San Valentín de 2011, Wanjiru y Njeri tenían una extraña reconciliación romántica delante de las cámaras de televisión, y ella pidió a los fiscales que retirasen los cargos. Los familiares y amigos de Wanjiru dicen que las condiciones de Njeri para retirar los cargos eran que firmase una declaración jurada diciendo que ella era su esposa oficial, y que abandonase a Wacera. Wanjiru dijo a Wacera que prefería ir a la cárcel antes que dejarla, pero firmó la declaración, y una copia del documento nacional de identidad de Njeri mostraba poco después que el nombre de Wanjiru había sido agregado al suyo. Wanjiru también trasladó a Njeri a Ngong, un suburbio de Nairobi, lejos de su madre y de su otra esposa. Pero la acusación de posesión ilegal de armas se mantuvo, y Wanjiru continuó bebiendo.

Daniel Gatheru, un amigo cercano y compañero de entrenamiento de Wanjiru, rogó a Berardelli y Rosa para alejar a Wanjiru de Nyahururu. Así que Rosa viajó desde Italia, y el 5 de mayo, él, Berardelli, Francis Kamau, Gatheru y algunos otros decidieron que Wanjiru se iría a vivir con Berardelli a Eldoret hasta que el caso del arma se resolviera, y luego se irían a entrenar en Oregón, con la esperanza de correr el Marathon de Nueva York.

Wanjiru se sintió aliviado. Dijo que iba a cambiar. Él y los otros salieron a comer juntos en un hotel cerca de las majestuosas cataratas Thomson, de Nyahururu. Kamau lo llama "La Última Cena".

Todos los que conocían a Sammy Wanjiru entienden que fue asesinado por su propia arma. Le quitó la vida sin tener que disparar una bala. Si no fuera por el cargo de tenencia de esa arma, él nunca habría estado en Nyahururu en la noche del 15 de mayo.

No bebía, y volvía a recuperar la forma en Eldoret, mientras vivía con Berardelli, quien exigía que volviese a casa para la cena cada noche. Wanjiru tenía que ir a Nyahururu por un día, para pagar a su abogado para resolver el caso del arma de fuego. (Rosa había transferido dinero a la cuenta de Wanjiru, porque él estaba sin efectivo.) Entonces, él sería libre para viajar a los EE.UU.

Berardelli prestó a Wanjiru un Toyota Prado y envió a Gatheru con él. Pero en el camino a Nyahururu, los viejos hábitos de Wanjiru regresaron. Para consternación de Gatheru, Wanjiru quería hacer varias paradas. Un último hurra, tal vez. La primera fue en el bar del Hotel Tas en Nakuru, donde Wanjiru tomó unas copas con los amigos. Salieron alrededor de las 3:30 PM, y Wanjiru se reunió con una de sus novias, Judy Wambui, mientras Gatheru esperaba.

Llegaron a Nyahururu después de las 7 de la tarde, y Wanjiru bebió en la cena, en el resort Waterfalls. Hizo planes con Gatheru para el entrenamiento del día siguiente, y luego Gatheru le dejó para irse a dormir. Sin embargo, Wanjiru siguió bebiendo con un primo y un empleado. Estaba tan ebrio en el momento en que dejó el resort, que se metió en una disputa acerca de la factura, y se fue con su coche contra una puerta en el aparcamiento.

A las 10 de la noche se fue del Waterfalls a otro bar, Kawa Falls. Un hombre que estaba trabajando en el mostrador, dice que Wanjiru estaba visiblemente borracho y que se fue con Jane Nduta, una camarera de Kawa Falls que más tarde dijo: "Yo sabía que mi vida nunca volvería a ser igual si me casaba con él. Nunca tendría que trabajar para nadie." Wanjiru y Nduta se detuvieron para tomar otra copa en Jimrock antes de regresar a la casa de Wanjiru, alrededor de 11.

Tres personas que vieron imágenes de las cámaras de seguridad de la casa de Wanjiru esa noche, dicen que cerca de 15 minutos después que Wanjiru, apareció Njeri. De acuerdo con declaraciones dadas a la policía por Njeri, Nduta y el vigilante, las mujeres discutieron, y Njeri salió de la casa, después de poner un candado en la puerta, dejando a Wanjiru y Nduta encerrados en el dormitorio La teoría actual de la policía, apoyada por declaraciones de Nduta a la policía y a los medios de comunicación, es que Wanjiru se enfureció al verse encerrado dentro y salió al balcón, pidiendo a gritos la llave. A continuación, podría haber tratado de saltar desde el balcón, para perseguir a su esposa, que abandonó el recinto, pero en su estado de embriaguez, calculó mal y cayó al suelo.


Nadie lo vio caer, pero el vigilante lo vio allí tirado, y llamó para que viniesen a buscarlo. Cuando Gatheru llegó, encontró a su amigo inconsciente, con sangre que manaba de la parte posterior de la cabeza, la boca y la nariz. Estaba respirando profundo y emitiendo gorjeos.

En los 15 minutos para llegar al Hospital del Distrito de Nyahururu, que no tiene unidad de cuidados intensivos, Wanjiru respiró más profundamente, estiró los brazos a los lados y dejó de respirar.

Cuando el grabador está apagado, la mayoría de las personas cercanas a Wanjiru dicen que creen que fue asesinado. La investigación fue un desastre. Después de concluir rápidamente que la muerte fue un suicidio, la policía no logró asegurar la escena, y cualquier esperanza para obtener pruebas forenses se perdió cuando se limpió la casa.

En Nyahururu, existe un sentimiento generalizado de que la policía no estaba contenta con Wanjiru, después de que éste afirmó que estaba perseguido por el cargo del arma de fuego, y muchos ciudadanos piensan que la policía quería su dinero. Tres personas de manera independiente le dijeron a Sports Illustrated que se encontraban en la comisaría de policía la mañana del 16 de mayo, y que escucharon a los funcionarios amenazar con llevar al hermano de Wanjiru, Simon, a la cárcel si no entregaba el documento de identidad y las tarjetas de crédito de Sammy. Simon, a regañadientes, confirmó esa declaración.

Njeri dijo a los periodistas que había sabido de la caída de Wanjiru por la policía. Sin embargo, tanto Ngatia como Gatheru dicen que ella los llamó alrededor de las 11:30 de la noche anterior para decirles que el vigilante le había llamado para decir que Sammy se había caído y estaba herido.

Hannah Wanjiru está convencida de que su hijo fue golpeado en la parte posterior de la cabeza y asesinado, y que Njeri y la policía estaban conspirando para quedarse con el dinero de Sammy. Hannah obligó a la policía a ver el material de archivo de seguridad de la casa de su hijo en su presencia, pero la cámara que señala el balcón no estaba funcionando. (El video muestra a varios hombres que entran en el recinto a pie. La película es oscura, y los hombres no han sido identificados públicamente. Debido a que la cámara del balcón no estaba funcionando, las personas que vieron el video dicen que no podrían afirmar si los hombres entran antes o después de la caída de Wanjiru.)


En junio, Hannah blandía un machete ante sus propios familiares, exigiendo que no se entierre a su hijo hasta que la investigación se haya completado. (Ella perdió esa batalla legal para detener el entierro.) Por razones desconocidas, el cuerpo de Wanjiru fue embalsamado en parte, antes de que se examinara a fondo, y, asombrosamente, 11 meses después de su muerte, no se había emitido un informe final de la autopsia. Sin embargo, un informe post-mortem publicado en junio del año pasado, indica que Wanjiru tenía heridas en las manos y las rodillas "compatibles con el aterrizaje consciente a cuatro patas", pero que murió a consecuencia de un traumatismo directo en la parte posterior de la cabeza.

Ese informe alimentó en Kenya la sospecha generalizada de que Wanjiru fue asesinado. Sports Illustrated le dio una copia del informe y fotos del balcón de la casa de Wanjiru a Michael Baden, un patólogo forense y ex inspector médico en Nueva York. Baden dice que Wanjiru sufrió una "típica lesión de contragolpe en la cabeza." Una lesión contragolpe ocurre generalmente cuando una persona cae hacia atrás, y la señal es una fractura en la parte posterior de la cabeza y hematomas en la parte frontal del cerebro, que se producen cuando se va de golpe hacia delante, contra la parte interior del cráneo. "Eso es lo que ayuda a distinguir una caída, en comparación con una lesión en la que una persona es golpeada en la cabeza mientras se encuentra estática", dice Baden. "La caída desde 3 metros de altura es más que suficiente para causar esta lesión fatal". La lesión es más frecuente en la gente bebida, que patinan y caen hacia atrás sin girar para protegerse. Baden dijo que Wanjiru pudo haber tratado de pasar por encima de la barandilla y cayó hacia adelante a cuatro patas en el techo inclinado bajo el balcón, y luego cayó de espaldas al suelo. La mayoría de los amigos de Wanjiru dudan que hubiera tratado de bajar desde el balcón intencionadamente; sin embargo, uno de los mejores amigos de Wanjiru, Norman Mathathi, le dijo a Sports Illustrated que él y Wanjiru habían saltado desde el balcón antes.

Pero quizá la razón que hace más difícil creer en una teoría de la conspiración sobre la muerte de Wanjiru, es que si alguien quería el dinero de Sammy, parece que todo lo que tenía que hacer era pedirlo.

Hay un dicho kikuyu: Ido cia mwene cimumaga thutha. (Cuando el dueño muere, ellos le siguen.) Se refiere principalmente a los seres vivos, como el ganado. Puesto que la familia de Wanjiru ha estado peleando por su patrimonio, la inversión más cercana a su corazón - la granja de productos lácteos a cinco millas a las afueras de Nyahururu -, se ha consumido.

Nadie atendió las vacas después de que Wanjiru murió, y la mayoría murieron o fueron vendidas. Cuando James Mwangi, el veterinario, llegó a principios de febrero, tuvo que cortar ramas para alimentar a los dos animales restantes, una flaca novilla y una vaca lechera, para que no muriesen de hambre. La vaca había sido el orgullo de la granja, produciendo casi 40 litros de leche al día. Wanjiru la amaba. Le había puesto de nombre “Pekín”, después de su gran triunfo.

En la capital china, Wanjiru cambió el marathon para siempre. Una vez, los corredores podían esperar durante los primeros 30 kilómetros de los grandes marathones, pero desde el ejemplo de Wanjiru, la carrera comienza con el disparo. Trece de los 17 sub-2h.05’ de siempre han llegado desde la épica actuación de Wanjiru en los Juegos Olímpicos. Se espera que, en Londres, los kenianos rompan a los corredores del resto del mundo desde el disparo. Ese será el legado de Wanjiru.

Ahora descansa, enterrado en la granja lechera. Mwangi, quien está ayudando a recaudar dinero para una unidad de cuidados intensivos en el hospital de la ciudad, volvió allí a mediados de febrero para comprobar el estado de las dos vacas. La pequeña novilla había muerto.

Ahora lo único que queda es Pekín.

viernes, 13 de abril de 2012

CONCURSO: CLASIFICACIÓN FINAL

Una vez formuladas y resueltas todas las preguntas, la clasificación final del concurso es la siguiente (por número de puntos acumulados y orden de respuesta, en casos de empate):

Toño.- 15 puntos
Marcos.- 15 puntos
Guillermo.- 12 puntos
Franchu.- 9 puntos
Carlos.- 3 puntos
Jose.- 1 punto
Gulez.- 1 punto
Jordan.- 0 puntos
Gustavo.- 0 puntos
José.- 0 puntos
Alberto.- 0 puntos
Javi.- 0 puntos

En la actualidad, sería improbable que un europeo blanco consiguiese batir un Récord del Mundo de alguna prueba de fondo (Pista 1); sin embargo, el portugués Fernando Mamede consiguió en 1984 un espectacular registro de 27’13” en los 10.000 metros lisos, que se mantendría durante cinco años en lo más alto de las tablas.


Mamede fue un atleta de una categoría innegable; sin embargo, sus actuaciones en finales de grandes campeonatos, incluyendo los Campeonatos del Mundo de 1983 y los Juegos Olímpicos de 1984, a los que llegaba en el mejor momento de su vida deportiva, se cuentan por fiascos (Pista 2).

En el inicio de su carrera, disputaba incluso pruebas de 400 metros lisos, y en los JJOO de Munich formó parte del relevo largo portugués (Pista 3).

Y con esto finaliza el concurso, en el que hemos recordado a:

Paula Radcliffe
Irina Privalova
Eunice Barber
Ahmed Salah
Derek Clayton
Javier Sotomayor
Atletas femeninas con triple corona (CE, CM y JJOO)
Colomán Trabado
Hannes Kolehmainen
Fernando Mamede

Espero haya resultado interesante. Gracias por vuestra participación.

sábado, 7 de abril de 2012

CONCURSO: PREGUNTA 10

Después de nueve preguntas, la clasificación del concurso queda de la siguiente manera (por número de puntos acumulados y orden de respuesta, en casos de empate):

Marcos.- 14 puntos
Toño.- 13 puntos
Guillermo.- 12 puntos
Franchu.- 9 puntos
Carlos.- 3 puntos
Jose.- 1 punto
Gulez.- 1 punto
Jordan.- 0 puntos
Gustavo.- 0 puntos
José.- 0 puntos
Alberto.- 0 puntos
Javi.- 0 puntos

El finlandés Hannes Kolehmainen fue el “padre” de los “Flying Finns” (Pista 2), un grupo de atletas finlandeses que dominaron las carreras de media y larga distancia en la década de 1920.



Kolehmainen fue el primero de ellos (Pista 1), consiguiendo tres medallas de oro en los JJOO de 1912, además de ganar la marathon en 1920 (Pista 3). Miembros de aquella generación fueron también Paavo Nurmi, Albin Stenroos o Ville Ritola.

En la década de 1970, una nueva generación de atletas finlandeses parecía retomar la tradición iniciada medio siglo atrás. Abanderados de aquella nueva “hornada” fueron Lasse Viren y Juha Väätäinen; sin embargo, en la actualidad (Pista 1) las carreras de fondo en Finlandia no cuentan con atletas tan destacados como los que tuvieron en aquellas épocas pasadas.


A esta última pregunta del concurso llegan con opciones de triunfo los tres primeros clasificados: Marcos, Toño o Guillermo serán agraciados con un blanco, un rosado y un tinto D.O. Bierzo.

Pregunta número 10:

¿De quién hablamos?

Pista 1.- atleta de un país con una enorme tradición, consiguió algo que hoy en día sería impensable

Pista 2.- la presión parecía atenazarle, y nunca rindió al nivel que se le presuponía en la alta competición

Pista 3.- su bagaje olímpico es tan particular que sus actuaciones podían terminar después de sólo una o de veinticinco vueltas a la pista

domingo, 1 de abril de 2012

CONCURSO: PREGUNTA 9

Después de ocho preguntas, la clasificación del concurso queda de la siguiente manera (por número de puntos acumulados y orden de respuesta, en casos de empate):

Guillermo.- 11 puntos
Marcos.- 11 puntos
Toño.- 10 puntos
Franchu.- 8 puntos
Carlos.- 3 puntos
Jose.- 1 punto
Gulez.- 1 punto
Jordan.- 0 puntos
Gustavo.- 0 puntos
José.- 0 puntos
Alberto.- 0 puntos
Javi.- 0 puntos

La cerrada lucha en cabeza de carrera ha sido la tónica general durante todo el concurso. Ya sólo quedan seis puntos en juego, y la victoria final se decidirá por muy escaso margen.

Recordad que, tal y como se establecía en las bases del concurso, “en caso de empate en el momento de formularse la décima y última pregunta, resultará ganador único del concurso quien antes responda de manera correcta a dicha pregunta”.

En todo caso e independientemente del momento en que el ganador final del concurso la conteste de forma correcta, esta última pregunta seguirá el mismo proceso que todas las demás, y se resolverá seis días después de haberse planteado, una vez presentadas las tres pistas correspondientes.

De acuerdo con los plazos para formular y contestar las preguntas (también reflejados en las bases), la décima y última pregunta se planteará el sábado, día 7 de abril.

En Ponferrada, el estadio municipal de atletismo (Pista 3) lleva el nombre del atleta con mejor palmarés de toda la comarca, Colomán Trabado.

Al igual que el conductor de los citados concursos de televisión (Pista 2), contrajo nupcias con una gimnasta, Marta Cantón, con quien había iniciado su relación durante los JJOO de Los Ángeles, en 1984.

Una vez que hubo dejado el deporte de alta competición, se ha dedicado a la política, con un par de anécdotas que se airearon en los medios, así (Pista 1) y así.

Pregunta número 9:

¿De quién hablamos?

Pista 1.- el pionero de una larga tradición, que ha dado campeones y récords, pero que en nuestros días ya no es ni la sombra de lo que fue.

Pista 2.- mientras duró esa tradición, el que no corría, "volaba".

Pista 3.- varias veces campeón olímpico, ganó la marathon de los JJOO durante el período de entreguerras