martes, 7 de diciembre de 2010

LA EDAD DE ORO DEL MARATHON ESPAÑOL (II)

Si en 1994 había tenido lugar la “explosión” de la que podríamos denominar “escuela española de marathon”, en 1995 llegaría la consagración definitiva: en abril, Fiz ganaba en Rotterdam con una gran marca (2h.08’:57”, récord de España), y en agosto ganaba el Campeonato del Mundo en Göteborg, “destruyendo” en los kilómetros finales al gran favorito, el mexicano Dionicio Cerón (tres años consecutivos ganador en Londres y, ese año, autor de la mejor marca mundial), en una lección magistral de cómo correr. De nuevo los “escuderos” Juzdado y García brillaban junto al vitoriano (5º y 6º, respectivamente).

Con su actuación el año anterior, los tres se ganaban su derecho a defender los intereses españoles en la marathon de los JJOO de 1996, en Atlanta. Fiz era el principal favorito, lo cual se había encargado de refrendar en el mes de marzo, con su victoria al sprint sobre el Bong-ju Lee.

El vitoriano había vencido al coreano (a la postre, subcampeón olímpico en Atlanta) en su casa, con la mejor marca mundial de aquel año (2h.08’:25”); sin embargo, en los Juegos, un error de cálculo del que luego se hablaría largo y tendido, propició que los tres hombres que marchaban por delante cobrasen una ventaja imposible de recuperar. Martín Fiz había conseguido un gran cuarto puesto, pero ello suponía la mayor decepción de su carrera deportiva…

Pero no fue lo único destacable del año olímpico: en febrero, Alberto Juzdado iniciaba su particular racha de éxitos en Tokio en los años pares, con un récord de España (2h.08’:46”) que, no obstante, apenas le duraría un mes. Por su parte, otro madrileño y, al igual que Juzdado, habitual en el circuito español de carreras en ruta, se incorporaba a la élite mundial: Fabián Roncero ganaba el Marathon de Carpi con 2h.09’:46”.

Y al igual que ocurriera cuatro años antes, una vez finalizados los Juegos, otro corredor español de gran clase en distancias inferiores, tomaba la decisión de pasarse al marathon, cansado de sufrir la tiranía ejercida por los atletas de África en las pruebas de pista. Sin una preparación específica, Abel Antón ganaba la Marathon de Berlín, apenas un mes después de haber tomado parte en la final olímpica de 10.000 metros.

La culminación de este proceso llegó en 1997, año en que el Campeonato del Mundo de Atletismo se celebró en Atenas, y cuya prueba de marathon discurriría sobre el trayecto que se supone siguió el soldado Filípides en el año 490 a.C. En tan legendario escenario, los españoles fueron los actores principales: el título se decidió en un “mano a mano” entre Abel Antón y Martín Fiz, resuelto, como sabemos, a favor del soriano, y la selección española que completaban Fabián Roncero, el leonés de La Robla José Manuel García (6º y 15º, respectivamente), Alberto Juzdado y Diego García (que no pudieron completar la prueba) fue recompensada con el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes de aquel año.


En ese 1997, se habían pasado con éxito a la distancia el citado José Manuel García (2h.09’:30” en Londres) y, sobre todo, el gallego Alejandro Gómez. El que fuera niño prodigio de nuestro atletismo había batido en Rotterdam el récord de España con unos espectaculares 2h.07’:57”, cediendo por escaso margen frente al legendario portugués Domingos Castro.

También Fiz había iniciado su particular racha de triunfos en Japón (más concretamente en Otsu), una tierra en la que existe una gran devoción por la marathon, y donde todo un campeón mundial como el vitoriano era contratado para correr a cambio de un sustancioso “fijo de salida”. Fiz conseguía la que sería la mejor marca de su vida y su último récord de España (2h.08’:05”) que, no obstante perdería, en favor del gallego Gómez, sólo un mes más tarde.

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